Última actualización: martes, 3 de noviembre de 2009 - 16:52 GMT

Talibanes, opio, corrupción y pobreza

Hamid Karzai, tras votar en las elecciones

Casi nadie alberga esperanzas de cambio con el segundo gobierno de Hamid Karzai.

“No te preocupes, todo está bajo control”, me dijo un alto diplomático occidental en Kabul durante las elecciones presidenciales de 2004, en referencia a la insurgencia del Talibán y la producción de opio.

En ellas ganó por abrumadora mayoría Hamid Karzai, quien ahora consiguió revalidar su victoria luego de una controvertida elección en la que su principal rival Abdullah Abdullah, decidió retirarse de la segunda vuelta por considerar que no habían garantías para evitar un fraude masivo, como el denunciado en la primera ronda.

Se respiraba entonces gran esperanza y optimismo en las calles, pero desde entonces las cosas no han podido ir peor.

El Talibán se ha extendido por gran parte del país –sobre todo en el sur y sureste donde vive la mayoría pastún– y amenaza la capital, advierten los observadores.

Hasta la carretera asfaltada que une Kabul con Kandahar –calificada como gran logro de la reconstrucción internacional tras la invasión de 2001– se ha convertido en un salto de obstáculos por la cantidad de bombas que pone la insurgencia, comentan periodistas que viajaron por ella recientemente.

(Karzai) debería de hacer limpieza, pero sus recientes tratos con varios señores de la guerra (...) hace pensar que todo seguirá igual en su segundo gobierno

Ayesha Khan, experta de Chatham House

Además, la producción de opio, el ingrediente básico de la heroína, se disparó y ahora el 93% del opio en el mundo proviene de este país, según Naciones Unidas. Este comercio constituye el 60% de la economía y expertos estiman que provee unos US$100 millones al año a la insurgencia.

En Kabul, el dinero de la droga se ve en las lujosas mansiones construidas cerca de edificios derruidos donde vive la mayoría de la gente. Muchos incluso acusan al entorno íntimo de Karzai de estar directamente involucrado en el tráfico de drogas.

A todo esto hay que añadir otros problemas como la corrupción galopante e ineficacia del gobierno, el decrépito sistema de salud y la pobreza extrema que afecta a la mayoría de la población.

Helmand

Ataque insurgente en Kabul, 18 agosto 2009

Los ataques del Talibán no han dejado de aumentar en los últimos años.

Ante este panorama pocos albergan ya esperanzas.

“Karzai será más de lo mismo. Debería de hacer limpieza, pero sus recientes tratos con varios señores de la guerra como Dostum y Fahim para asegurar su apoyo en las elecciones hace pensar que todo seguirá igual en su segundo gobierno”, comenta a BBC Mundo, Ayesha Khan, experta sobre Afganistán del instituto de estudios Chatham House de Londres.

“La clave está en la provincia de Helmand donde los marines están probando un nuevo método de lucha contra la insurgencia: mantener el territorio capturado y acercarse a la población local estableciendo bases en medio de ellos, todavía es temprano para saber si resultará”, añade.

Khan se refiere a la ofensiva lanzada en julio de este año por 4.000 marines y 650 soldados afganos en el corazón de la zona que apoya al Talibán, donde se concentran gran parte de las plantaciones afganas de amapolas de las que se extrae el opio.

Expertos afirman que su desenlace determinará si el gobierno del presidente de EE.UU., Barack Obama, decide invertir masivamente en la reconstrucción del país, clave para conseguir el apoyo de los afganos pero muy difícil de llevar a cabo debido a la inseguridad y anarquía reinante.

País imposible

Ataúdes de soldados británicos muertos en Afganistán de vuelta en el Reino Unido, 21 agosto 2009

En el Reino Unido algunos comparan esta guerra con desastres anteriores en el siglo XIX.

En cualquier caso, y aunque esta intervención tenga éxito, no será nada sencillo restablecer la seguridad y reconstruir Afganistán, azotado por décadas de guerra.

Recorrer sus zonas rurales es como volver a la Edad Media: el país está dividido en cuasi feudos, muchos de ellos controlados por señores de la guerra, donde la presencia del gobierno es prácticamente nula.

A esto contribuye que tres cuartas partes del territorio sea montañoso e incluya la cadena del Hindu Kush con picos por encima de los 6.400 metros.

Con una interminable y agreste frontera con el inestable vecino Pakistán donde están basados muchos de los Talibán que es prácticamente imposible de patrullar.

Ante el goteo continuo de soldados muertos, algunos medios británicos ya han comenzado a comparar la guerra actual con dos guerras en el siglo XIX en las que el Reino Unido fue humillado.

¿Se repetirá la historia? Tan solo el tiempo lo dirá.

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