
La división en facciones de los grupos rebeldes hizo que los combates perdieran intensidad.
Tras seis años de violentos enfrentamientos entre las fuerzas leales al gobierno de Sudán y los grupos rebeldes, la guerra de Darfur podría haber llegado a su fin.
Martin Agwai, el general a cargo de la misión conjunta de Naciones Unidas (ONU) y la Unión Africana (UA) en el país, dijo este jueves que con el cese de los combates, la guerra ya puede darse por terminada.
Sin embargo, algunos grupos de derechos humanos sostienen que la violencia no se ha ido y que la población civil sigue sufriendo las consecuencias propias de un conflicto bélico que, según la ONU, dejó más de 300.000 personas muertas (10.000 de acuerdo al gobierno sudanés).
Entonces, ¿cuál es la situación del país y cuáles son los cabos sueltos de esta lucha entre los grupos rebeldes y las milicias árabes a favor del gobierno de Omar al-Bashir?
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Aún existe el riesgo de que la guerra vuelva a estallar, según algunos analistas.
La división en facciones de los grupos rebeldes -quienes denuncian la persecución de la población negra en favor de la árabe por parte del gobierno- ha favorecido que las crudas peleas de los primeros años se tornaran en enfrentamientos aislados y bandolerismo, según dijo el general Agwai.
No obstante, aunque la naturaleza de la violencia haya cambiado, sus efectos en el día a día de la población no lo han hecho, advirtió la organización estadounidense Save Darfur, una coalición de asociaciones que promueve el fin de un conflicto que ellos califican como "genocidio".
"La violación se ha convertido en una especie de epidemia, las detenciones ilegales y torturas persisten y se sigue reclutando a niños para entrar en combate", alertó Sean Brooks, asesor de la organización, con sede en Washington.
La violación se ha convertido en una especia de epidemia, las detenciones ilegales y torturas persisten y se sigue reclutando a niños para entrar en combate
Sean Brooks, Save Darfur
"La Unamid (siglas en inglés de la misión militar conjunta de la ONU y la UA) todavía carece de recursos suficientes y del compromiso político de la comunidad internacional" para poner fin al conflicto, aseguró Brooks a BBC Mundo.
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"No tiene los medios que puedan garantizar ahora la seguridad de los más de 2,7 millones de personas que viven en los campos de refugiados, pero tampoco para garantizar un regreso seguro de los refugiados cuando tenga lugar un proceso de paz", dijo.
Además, aún existe el riesgo de que la guerra vuelva a estallar, explicó el editor de la BBC para África, Martin Plaut.
Gran parte de los enfrentamientos terminaron con la llegada de las fuertes lluvias, que dejaron el terreno de batalla lleno de lodo y, por tanto, inaccesible. La duda ahora es si los choques más violentos volverán cuando el intenso sol sudanés seque el campo.

Desde 2003, casi tres millones de personas han abandonado sus casas huyendo de la guerra.
El camino hacia la paz también parece estar embarrado. Scott Gration, el enviado especial a Darfur del presidente de EE.UU., Barack Obama, consiguió reunir a varios de los 26 grupos rebeldes rivales para sentarse a dialogar. Sin embargo, el más activo de todos ellos, el Movimiento para la Justicia y la Igualdad (el llamado Jem), todavía no se ha sumado a las conversaciones.
También existe el temor de que las divisiones internas en el gobierno sudanés puedan frustrar un diálogo fructífero que permita la pacificación definitiva de Darfur.
La violencia que aún persiste en Darfur no sólo azota a los civiles, denuncian algunos cooperantes que trabajan en la región.
Entre los civiles aún hay gente desplazada que necesita ayuda, y no todas las organizaciones pueden trabajar fuera de los campos (de refugiados), en los otros muchos lugares donde se necesitan
Saleh Dabbakeh, Cruz Roja
Organizaciones humanitarias han alertado que sus activistas aún sufren secuestros, asaltos a sus vehículos y robo de equipamiento.
Muchos, además, dicen padecer trabas burocráticas por parte del ejecutivo de Al-Bashir para operar en ciertas zonas de Darfur.
"Entre los civiles aún hay gente desplazada que necesita ayuda y no todas las organizaciones pueden trabajar fuera de los campos (de refugiados), en los otros muchos lugares donde se necesitan", le dijo a BBC Mundo Saleh Dabbakeh, delegado del Comité Internacional de la Cruz Roja en Jartúm.
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Desde 2003, casi tres millones de personas han abandonado sus casas huyendo de la guerra. Ahora, algunas de ellas están volviendo a sus aldeas y empiezan a sentarse a discutir con otras de diferentes comunidades, con el fin de dialogar y buscar compromisos que conduzcan a la paz, dijo. Como Dabbakeh, otros cooperantes optimistas esperan que esto no se quede sólo en una mera tendencia.
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