
"Puerto Rico puede llegar a ser mucho mejor, he vuelto de Estados Unidos para trabajar por ello. No pienso quedarme sentada".
Regina Rodríguez, líder estudiantil de Río Piedras.

Héctor trafica con drogas en San Juan, capital de Puerto Rico
En la actual y dura coyuntura económica de Puerto Rico, algunos jóvenes se ven empujados a tomar decisiones peligrosas.
Con sólo mirarlo, nadie pensaría que Héctor sea un traficante de drogas en uno de los barrios más peligrosos de San Juan, la capital de Puerto Rico.
Este joven de 19 años de edad, con sus gafitas, su dulce sonrisa y un cuerpo libre de tatuajes, parece un estudiante universitario.
"Me ayuda a hacer mi trabajo", dice. "La policía no cree que esté trabajando en un punto."
Un punto es como se le llama a los lugares en los que se vende heroína, cocaína y marihuana a un flujo constante de clientes.
En este barrio, Las Monjas, hay cinco puntos de funcionamiento, más o menos abiertos.
Éste es uno en el situado en una casa a medio terminar. En el sótano, los chicos jóvenes están sentados en sofás rotos, trabajando con sus teléfonos celulares. Los compradores de todas las edades van y vienen, se hacen ofertas, el dinero cambia de manos.
Un distribuidor deambula con una bolsa de almacén que parece que está llena de paquetes de cocaína.
Héctor nació en la ciudad de Filadelfia, Estados Unidos, y vivió allí durante los primeros ocho años de su vida. Entonces quiso ver a su padre, que había regresado a la dependencia estadounidense de Puerto Rico, así que vino a San Juan.
"Me gradué el año pasado pero no he encontrado ningún trabajo y mis amigos me dijeron que ganara un poco de dinero y comencé a traficar."
Héctor, joven narcotraficante en San Juan.
"Tengo un diploma de escuela secundaria en refrigeración", me dice. "Me gradué el año pasado pero no encontré trabajo y mis amigos me dijeron que podía hacer unos dólares aquí, así que empecé".
Su tarea cuando empezó fue vender drogas y vigilar las bandas rivales. El dinero está bien, pero el trabajo es peligroso.
"Ahora mismo", dice arrastrando los pies y riendo nerviosamente, "esto es una guerra y tenemos que tener cuidado. Podríamos morir en cualquier momento."
Las pandillas rivales luchan por el territorio y por controlar el mercado. La semana anterior un coche se detuvo en el punto de Héctor y les dispararon con rifles automáticos.

El área de Las Monjas tiene cinco puntos de droga, cerca de los rascacielos del distrito financiero.
"Mi madre me mataría si supiera que estoy trabajando en un punto", dice Héctor. Se ríe con timidez y luego dice que si él tuviera un hijo no querría que trabajara aquí.
"Ésta no es la vida que quería", dice.
De pronto, el jefe del punto nos empuja contra la pared. Un coche acaba de acercarse y empieza a ir lento. Es hora de irnos.
A la salida, Héctor me cuenta que hay un dicho sobre la vida en los puntos: "Terminas o en la cárcel o muerto". Se encoge de hombros y sonríe.
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"Puerto Rico puede llegar a ser mucho mejor, he vuelto de Estados Unidos para trabajar por ello. No pienso quedarme sentada".
Regina Rodríguez, líder estudiantil de Río Piedras.

El uniforme me hace sentir orgulloso de mí mismo. Y además estoy trabajando para mi familia.
Wilfredo Bachur, soldado americano
Las entrevistas para este reportaje fueron realizadas por Crossing Continents de la BBC en cooperación con The Future Media Group.
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