
El futuro de BP se ha visto empañado por el derrame en el Golfo de México.
British Petroleum (BP) se está quedando sin amigos en Washington.
Cada día que sigue fluyendo indetenible el derrame petrolero en el Golfo de México, aumenta la proporción del que es ya considerado el mayor desastre ecológico de la historia estadounidense, daña la imagen de BP y pone en riesgo el futuro de la empresa.
El valor de sus acciones ha caído en un 50% desde que empezó la crisis el 20 de abril, ante la preocupación de los mercados sobre la capacidad que tendría la petrolera de sufragar los costos de limpieza del vertido y resistir las crecientes demandas en su contra.
La duda sobre el futuro de la compañía la alimenta también el que luzca cada vez más aislada, debido a una mezcla de errores en el manejo de los trabajos de emergencia, malas decisiones en relaciones públicas y al juego político en Washington.
La rabia ante BP ha sido profusamente aireada en la prensa estadounidense, que ha mostrado desde a los preocupados pescadores de Luisiana hasta a un molesto presidente Obama prometiendo "patear traseros" de los responsables.
Hay una sensación aquí de que esos ataques se producen porque BP es británica.
John Napier, jefe de RSA
A juzgar por la cobertura, por momentos pareciera que el origen británico de BP es parte del problema, o al menos sirve para aumentar la poca simpatía que le tiene la mayoría de los ciudadanos.
Su jefe, Tony Hayward, tiene modos demasiados comedidos para el gusto de los estadounidenses, más pasionales que sus "primos" británicos y ha cometido deslices declarativos, como lamentarse por haber "perdido su vida" con el manejo de la crisis.
Periodistas de medios locales en Luisiana han cuestionado que "una empresa británica" les imponga controles a la hora de sobrevolar el área del desastre, aunque en realidad sea un área controlada por la Guardia Costera de EE.UU.
Incluso el líder de la mayoría en el Senado, Harry Reid, dijo este jueves que había hablado con el presidente sobre cómo BP "debe ser responsabilizado por lo que le han hecho" al país.

Algunos medios cuestionan que una empresa británica imponga controles en las tareas de limpieza.
La carta nacionalista llevó al jefe de uno de los principales grupos aseguradores británicos, RSA, John Napier, a enviar una carta abierta a Obama criticando lo que considera son los comentarios "perjudiciales y personales" del presidente.
Napier se queja de un supuesto doble rasero cuando se critica duramente a BP frente al trato más amable que habrían recibido los bancos que generaron la crisis crediticia en 2008.
"Hay una sensación aquí de que esos ataques se producen porque BP es británica", escribe Napier, quien ofrece excusas por la carta abierta, pero pide a Obama que se comporte más como "estadista" en el manejo de la coyuntura.
El hecho es que BP está perdiendo amigos, o al menos oídos comprensivos, en los círculos del poder, algo que es crucial para una empresa cuyos negocios son otorgados por el gobierno o muy supervisados por agencias oficiales.
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Este jueves la presidenta de la Cámara de Representantes del Congreso estadounidense, Nancy Pelosi, criticó la "falta de integridad" de la empresa que supuestamente se habría presentado como capaz para un trabajo que la congresista considera ahora demostrado que no podía realizar.

Obama ha prometido "patear traseros" a los responsables.
En una reunión en la Casa Blanca, los líderes del Congreso acordaron con el presidente Obama "adecuar" las leyes vigentes para afrontar eventos de este tipo y que datan del accidente del tanquero Exxon Valdéz en costas de Alaska en 1989.
Así se elevaría el límite de US$75 millones de dólares que actualmente es la máxima responsabilidad financiera por la que deben responder las empresas.
Hasta ahora los trabajos de contención y limpieza del derrame han costado a BP US$1.500 millones, incluidos US$53 millones con los que se ha pagado 39.000 demandas por parte de pescadores, hoteleros y otros trabajadores y empresas afectadas.
El analista petrolero Matt Simmons aseguró que la empresa "corre el riesgo de quedarse sin dinero por las demandas, las labores de limpieza y otros costos" asociados al derrame, que se calcula que consume unos US$13 millones diarios.

BP ha invertido US$ 50 millones en una campaña publicitaria para limpiar su imagen en EE.UU.
Para contrarrestar la mala imagen, la petrolera británica puso en marcha la semana pasada una campaña publicitaria en las que Hayward ofrece "hacer lo correcto".
Son varias piezas de televisión y de páginas enteras en los principales diarios estadounidenses a un costó de US$ 50 millones, en las que se muestran imágenes de aguas cristalinas, muy distintas a las que se ven hoy en el Golfo de México.
Pero la estrategia no dio los resultados esperados y desde el primer día fue criticada por quienes cuestionaban las imágenes seleccionadas y destacaban que la "promesa" de BP no coincidía con los erráticos esfuerzos por controlar el maná submarino.
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Además, hubo quienes sugirieron que ese dinero podía haber sido invertido en los trabajos de emergencia o en pagar a los afectados, entre esos estaba el propio presidente Obama
Este jueves, la congresista Pelosi ofreció a la petrolera una solución para sus problemas de imagen: que deje de pagar dividendos a sus accionistas para pagarle a las víctimas del derrame.
"Esa sería su mejor estratategia de relaciones públicas", aseguró Pelosi.
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