Última actualización: viernes, 22 de enero de 2010 - 12:59 GMT

Venezuela y la "arepa socialista"

Arepa venezolana

La arepa -tortilla circular hecha con harina de maíz- es una de las comidas favoritas de los venezolanos.

En la arepera Caruata, del complejo caraqueño de edificios conocido como Parque Central, el calor de la plancha o "budare" en que se cuecen las arepas contrasta con los precios "congelados" que exhiben los mostradores.

"Esta semana acabo de comprar insumos y no me subieron los precios, pero eso va a subir", explica con un aire de resignación el dueño del negocio, mientras despacha un café con leche a un cliente solitario de una media mañana lenta.

Ahí, como en locales comerciales en todo el país, todavía no parece hacerse sentir el impacto del incremento de precios que resultará del ajuste del tipo de cambio. Su negocio podría encontrarse una posición particularmente vulnerable: a diferencia de otros alimentos, que podrán importarse a la tasa preferencial de 2,60 bolívares por dólar (un incremento del 20% con respecto al cambio anterior), la harina de maíz con que se hacen las arepas lo hará a 4,30 bolívares por dólar (aumento del 100%).

Claro que Venezuela produce buena parte, si no toda, la harina de maíz que consume, aunque en diciembre pasado el gobierno tuvo que incluir este rubro en la lista de importaciones destinadas a atender la demanda recrecida de la temporada navideña.

Sombra detrás de sombra

Pero eso no significa que la sombra de un incremento no ronde los budares y los bolsillos. Como le recuerda el dueño de la arepera a BBC Mundo, el precio del producto, considerado como de primera necesidad, no puede aumentar sin autorización oficial. Para desmayo de los industriales, que aseguran que la tarifa no cubre sus costos.

Lo mismo ocurre con otros rubros como la leche y el queso, cuyos productores pidieron al gobierno la semana pasada una revisión.

Rellenos para arepa en comercio de Venezuela

Los comercios privados esperan aumentos semana a semana.

Sin embargo, hay otra sombra que parece estar manteniendo a raya a la primera: la amenaza de cierre y expropiación de todo establecimiento que suba los precios, ya que, según el gobierno, eso no se justifica bajo ningún concepto.

La estrategia ha surtido efecto. Según le confirmó a BBC Mundo una fuente ligada al sector de supermercados, estos expendios están rechazando las listas con aumentos que ya están siendo proporcionadas por proveedores, bien sea por la devaluación o por el simple hecho de que el año pasado la inflación alcanzó el 25%.

"Uno, curándose en salud, y a sabiendas de que el gobierno no va a aceptar lo que ellos llaman remarcaje de precios, lo que está haciendo es mandar a los proveedores a las oficinas del gobierno, para que ellos certifiquen si se puede aumentar o no", señaló esta fuente.

Esto significaría que, en la práctica, los precios de absolutamente todo lo que está en venta en Venezuela se encontrarían controlados. La pregunta es por cuánto tiempo y con qué efecto.

"Nadie va a comprar nada nuevo hasta que venda lo último que tenga en depósito. Pero hay que ver cómo reacciona el sector productivo. Si mantienen sus precios, nosotros seguimos vendiendo igual, que pareciera es la idea del gobierno. Si no, no sé qué va a pasar", asegura, sin querer mencionar la palabra "desabastecimiento".

Meter en cintura

Pero lo que el sector privado percibe como un círculo sin salida, una especie de camisa de fuerza, es para el gobierno una forma de meter en cintura a un sector que considera no piensa más que en su propio lucro.

Arepera socialista en Caracas, casa de arepas inaugurada por el gobierno de venezuela

En la arepera socialista, las arepas salen un tercio del precio de las areperas privadas.

La prueba palpable estaría al otro lado del propio Parque Central, en la primera "arepera socialista" inaugurada en diciembre pasado por el gobierno. Allí una larga fila de personas que traspasa la puerta espera su turno para hacerse de una arepa al precio "solidario" de 5 bolívares (menos de US$ 2, al cambio promedio), la misma que cuesta de 13 a 20 bolívares en los negocios privados equivalentes.

Según el Ejecutivo, aún a ese precio se le puede sacar una pequeña ganancia al producto, lo cual demuestra que en la Caruata y comercios similares se están aprovechando. Analistas críticos consideran que el gobierno "compite deslealmente" gracias a los subsidios, como le dijo en una ocasión a BBC Mundo el economista Gustavo Rojas.

Por lo pronto, unos y otros reconocen que son momentos de modelos económicos enfrentados, y que el modelo privado, al que la "revolución" espera desplazar, se encuentra bajo una enorme presión.

"Esas arepas (socialistas) son para los que quieren perder el tiempo haciendo tres horas de cola, para comerse una arepa maluca", le dice a BBC Mundo el encargado de otra arepera en las inmediaciones.

"No son malas ni son tres horas de cola", le replica un cliente que se lleva una empanada y un jugo. El encargado no responde. Frunce el ceño y espera a que se vaya para batir las manos y llamarlo "¡chavista!", mientras apunta que, con todo, le ha comprado la empanada a él y no a su competencia de bajo costo. Aunque sea uno de los pocos clientes que hayan pasado por ahí, en la que ha sido una media mañana lenta y solitaria en el Parque Central caraqueño.

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