Última actualización: miércoles, 15 de abril de 2009 - 11:43 GMT

Malbec, el secreto mejor guardado

Hervé Joyaux-Fabre

Hervé Joyaux-Fabre es considerado un pionero del varietal Malbec.

El francés Hervé Joyaux-Fabre se instaló al pie de los Andes hace 16 años. Cada mañana, se levanta temprano - allí, sólo al alba, antes de que el sol trepe por sobre las montañas siempre nevadas, puede asistir a un espectáculo único.

"Cada día, la salida del sol es diferente... hay destellos rojos, o bruma, o estelas...", dice, y celebra otro día sin nubes.

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Pero no es el límpido cielo mendocino lo que trajo a este hombre a la región más occidental de Argentina. Es, más bien, un secreto de la tierra: "las uvas malbec de la zona son las mejores del mundo", desliza mientras recorre las hileras de vides y prueba al azar una fruta de aquí, y otra de allá.

Asegura que él habla con conocimiento de causa, y que puede decirlo sin prurito precisamente porque no es argentino. En la zona, todos saben que Joyaux-Fabre es uno de los pioneros en el desarrollo de los vinos de este varietal, que ha tenido mucho que ver en la difusión de la vitivinicultura argentina.

Malbec: la "estrella" de la casa

Hoy, el malbec de estas tierras es carta de presentación en los mercados internacionales, y es una de las "estrellas" del menú con el que se intentan conquistar paladares extranjeros.

Creo que para los próximos años la industria no va a crecer al mismo ritmo que ha crecido hasta hoy, entre un 25% y un 30% al año, pero igual vamos a seguir creciendo, eso es lo importante. Será a una tasa del 10 ó 15%, me imagino

En los últimos cinco años, las exportaciones vitivinícolas del país crecieron 93,3%, y en 2008 representaron ingresos por US$512,2 millones, llevando al país al séptimo lugar en el ranking mundial de exportadores de vino.

De los hectolitros despachados al exterior, un 31% corresponde al malbec - más de el doble del volumen de cabernet y tres veces más que el de chardonnay, que siguen al "vino estrella" en la lista de los más vendidos.

Los bodegueros festejan esta uva de un negro azulado, piel fina y pulpa que destila olores a frutas varias. Dicen que es "amable para el paladar", que gusta a un espectro amplio de consumidores, y que su nombre se repite fácil en cualquier idioma.

En el contexto de crisis internacional, los mercados del exterior se dibujan como la salida de emergencia, y los bodegueros argentinos se muestran dispuestos a apostar fuerte por el desarrollo de nuevos consumidores, con la ayuda del vino malbec.

"Es importante exportar para compensar la caída en el mercado nacional, que bajó de 90 litros de consumo per cápita a menos de 40. Nosotros vamos a reforzar nuestra posición en Estados Unidos e Inglaterra, dos de los principales destinos", revela Joyaux-Fabre.

Compensar la pérdida

Cuando decidió afincarse en Mendoza, junto a su esposa Diane, el francés adquirió viñedos del siglo pasado, en pie desde 1908, y construyó al lado un châteaux de estilo francés.

Mendoza, Argentina

Mendoza está en el corazón de la zona vitivinícola de Argentina.

Hoy, es dueño de tres establecimientos artesanales (las llamadas "bodegas boutique") en Mendoza y la Patagonia, donde se enorgullece de almacenar y embotellar vinos de alto rango.

En el almacén, entre sus barricas de roble, el olor a uva y tierra parece renovarle el optimismo aún en plena crisis.

"Creo que para los próximos años la industria no va a crecer al mismo ritmo que ha crecido hasta hoy, entre un 25% y un 30% al año, pero igual vamos a seguir creciendo, eso es lo importante. Será a una tasa del 10 ó 15%, me imagino", pronostica el bodeguero.

"Obviamente faltará el financiamiento, como ocurre en otros países. Lamentablemente, Argentina no escapará al problema internacional. Así que vamos a tener que mantenernos un poquito, ser más prudentes, más conservadores... pero bien optimistas", repite Joyaux-Fabre.

Afuera, un grupo de estudiantes de enología recoge uvas maduras para probar la calidad, que se van acumulando en una bolsita plástica como una muestra representativa de las que luego se cosecharán.

Son días de vendimia en Mendoza, y los que viven de la tierra están pendientes de los resultados de un año de labor.

Sobre las montañas, comienzan a apiñarse las nubes que marcan la media mañana. Hora de trabajar en la finca, a sabiendas de que al día siguiente habrá otra salida de sol y las nubes ya habrán desaparecido.

"Las nubes, como las crisis, siempre pasan", dice el bodeguero, convencido de que la analogía tiene más de certeza que de deseo.

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