Última actualización: miércoles, 15 de abril de 2009 - 12:46 GMT

Las uvas de la recesión

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"¿Cuánto vale mi racimo, que es el esfuerzo logrado después de un año de trabajo? Esto... no vale nada", se lamenta el viñatero Juan Carlos Ubriaco.

La desazón de este agricultor es compartida por miles de pequeños y medianos productores en Mendoza, el corazón de la industria vitivinícola de Argentina. Y es que este año la cosecha de uva no rindió lo que se esperaba.

La vendimia en las provincias de Cuyo, junto a la cordillera de los Andes en el oeste argentino, experimentó en promedio una caída del 15% en relación a 2008, y dio una señal de alerta en una industria que, durante la última década, ha crecido a ritmo sostenido y ha traído bonanza económica a la región entera.

Muchos achacan las pérdidas en la recolección a fenómenos naturales, desde el granizo feroz que azota a estos parajes montañosos hasta la sequía o el agotamiento natural de los suelos tras sucesivos ciclos de cosecha.

El desafío es seguir adelante, a costa de tratar de sacar el mejor producto, porque el mejor producto es el único que se va a comercializar. Y encomendarnos a Dios para el vino valga algo

Juan Carlos Ubriaco, viñatero

Pero, cuando aquí se habla de "crisis", es necesario hacerlo en plural: a los caprichos de la naturaleza se ha sumado un enfrentamiento sostenido con el gobierno en reclamo de políticas de protección de la vitivinicultura, así como la contracción del consumo interno y, ahora, el fantasma de la debacle económica y financiera mundial.

"Se han cancelado muchos pedidos que venían de los países importadores, como Rusia o Estados Unidos. Hay más excedente de uva para volcar al mercado interno, lo que hace caer los precios de la fruta porque hay sobreoferta", explica a BBC Mundo el presidente de la Asociación de Viñateros, Juan Mangione.

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En los viñedos de sarmientos centenarios, alineados prolijos al pie de las montañas, muchos productores establecidos temen hoy por su supervivencia.

"El desafío es seguir adelante, a costa de tratar de sacar el mejor producto, porque el mejor producto es el único que se va a comercializar. Y encomendarnos a Dios para el vino valga algo", se queja Ubriaco, mientras recorre el campo cultivado al fondo de su casa, en el departamento mendocino de Luján de Cuyo, donde también produce su propio vino.

Inyección de crédito

Uvas.

La cosecha en la región cayó un 15% recientemente.

Organizados en sindicatos y corporaciones, los productores reclaman acceso al crédito, un mal que aqueja a Argentina desde hace tiempo y que se ha agudizado con la crisis internacional.

"Hemos tenido épocas en las que el crédito se asignaba en función del patrimonio de quien lo solicitaba, pero hoy se otorga según los montos de facturación. Para los productores primarios eso es muy grave, porque la fruta tiene un valor bajo y, por tanto, nuestras facturaciones son bajas", explica el viñatero Mangione.

Desde el gobierno, sin embargo, se han dado señales de ayuda en lo que va de 2009 para responder a los más de 30 mil productores y 1.300 bodegas que funcionan en el país.

Así, la presidenta Cristina Fernández de Kirchner anunció semanas atrás una reducción del 50% en las retenciones a las exportaciones vitivinícolas, para ayudar a amortizar los efectos de la recesión mundial.

"Los planes del gobierno están destinados a dar apoyo en cuestiones estructurales, como explorar nuevos mercados en el sudeste asiático o avanzar en el desarrollo de un Plan Estratégico para el Mercosur", detalló a BBC Mundo Guillermo García, director del Instituto Nacional de Vitinicultura (INV), el ente estatal dedicado a coordinar el sector bajo la órbita de la Secretaría de Agricultura.

En los campos, sin embargo, los productores reclaman sistemas de irrigación modernos, y respaldo para la adquisición de nuevas tecnologías que permitan adecuar la producción a las condiciones que impone un mundo en crisis.

Trabajo integrado

Michael Halstrick, de Bodegas Norton.

Halstrick, de Bodegas Norton, cree que la crisis "es una gran posibilidad".

Mientras la cosecha merma y el mercado interno cae, en las reuniones de negocios del sector vitivinícola mendocino se esgrimen nuevas armas.

Durante la Fiesta de la Vendimia, en marzo, la Corporación Vitivinícola Argentina (Coviar), un organismo público no estatal que representa los intereses de la industria, se hizo eco de las celebraciones de color que coparon las calles, y mostró un optimismo a prueba de crisis.

Así, confirmó un plan de ayuda para productores y bodegueros con un fondo de US$50 millones del Banco Interamericano de Desarrollo, y delineó los pasos a seguir en su "Plan 2020", una ambiciosa declaración para los próximos 10 años.

Una de las estrategias apunta a fortalecer el vino argentino asociado a la "marca país": que las uvas sean embajadoras, como el tango o Diego Maradona. Así, dicen, se logrará crear una demanda específica por botellas nacidas en los viñedos más altos del mundo.

Tras el consumidor perdido

Botellas.

Los productores creen que, por la crisis, la gente buscará vinos más baratos de calidad decente.

Ahora bien, ¿como alentar el consumo en mercados en recesión, cuando el vino es un producto suntuario?

"Hay países donde la bebida no es un bien de lujo, sino que es considerado alimento. En Italia y Francia, por ejemplo. Lo que va a pasar es que la gente acostumbrada a consumir un vino de US$30 va a pasar a comprar uno de US$10 ó 20", anticipa el bodeguero Hervé Joyaux-Fabre, dueño de tres pequeños establecimientos en el sur y el oeste del país.

Y precisamente en este "cambio de hábito" es donde Argentina aspira a encontrar su mayor ventaja competitiva como país exportador.

"Los vinos argentinos plantean una muy buena relación precio-calidad. Por el mismo precio, se puede conseguir una botella muy superior a la de otros países productores que supuestamente están en el mismo rango de precios. La calidad es entonces lo que no hay que descuidar... es la clave del éxito", coincide Michael Halstrick, presidente de Norton, una de las grandes bodegas argentinas, que hoy destina 40% de su producción a la exportación.

Entre el ajetreo de las máquinas procesadoras de uva trabajando a toda marcha, y el ir y venir de camiones cargados de cajas, no parece haber señales amenazadores sobre el negocio del vino.

"Yo siempre digo que en toda crisis se crean oportunidades. Para Argentina, esta crisis es una gran posibilidad", confía el responsable de Norton.
El optimismo de los bodegueros funcionará quizá como el mejor antídoto contra los fantasmas de la recesión.

Confían en que no habrá cosechas perdidas y botellas sin vender. Sólo se trata de esperar, con paciencia, que cambien los ciclos de la naturaleza y de los negocios.

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