Ruth Maclean
BBC, Oaxaca

En el festival de Guelaguetza, los bailes y los trajes tradicionales ven un resurgimiento de lo indígena
Un anciano mexicano, con bigote y sombrero, deambula por el auditorio Benito Juárez de Oaxaca, con un pavo vivo en la mano.
Mirando a su alrededor en busca de sus paisanos, pasea entre una multitud de tradicionales vestidos blancos adornados de coloridos lazos y miles de sombreros como el suyo.
Está en el festival Guelaguetza, en el sureño estado de Oaxaca, muestra folclórica que atrae miles de visitantes de todo México y también del exterior para contemplar algunas de las danzas más extrañas del planeta.
En el "baile del pavo", hombres vestidos con grandes cestas simulan ser aves en plena pelea. La temática animal continúa cuando las mujeres aparecen bailando como si fueran agresivos toros.
Al final de cada actuación, los danzarines lanzan regalos al público, como dulces o incluso artesanías. Un grupo, incluso, laza enormes mangos, mientras los asistentes tratando de proteger a los niños de recibir un "mangazo".
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Parecen cosa del pasado los bailes, costumbres y comidas de los zapotecas y mixtec, etnias que vivien junto a los más conocidos aztecas y mayas.
Esta celebración de la cultura de Oaxaca es la puesta de largo anual de una civilización que parece vivir una especie de resurgimiento, especialmente entre los más jóvenes.

Los trajes tradicionales de los zapotecas pusieron la nota de color en el festival.
"El resurgimiento tiene que ver con lo indígena, que ahora está de moda", dice el antropólogo Howard Campbell, experto en la cultura zapoteca de la Universidad de Texas, en El Paso.
"Los jóvenes se interesan ahora en el idioma y la cultura porque gentes de todo el mundo consideran lo indígena exótico y romántico".
En su camino para recoger setas naranjas para el festival de setas de Cuajimoloyas, Sonia, una anciana zapoteca, explica a su joven amiga Isabel las propiedades medicinales de cientos de plantas con las que se cruzan.
"Este es bueno para los dientes sensibles", dice mientras abraza el tronco del árbol.
Carlos Sole, estudioso de la lingüística indígena, asegura que en muchas comunidades zapotecas hay una brecha generacional.
Los viejos y los jóvenes hablan el idioma zapoteca, pero los que están en medio sólo hablan español
Carlos Sole, lingüista
"Los viejos y los jóvenes hablan el idioma zapoteca, pero los que están en medio sólo hablan español", afirma.
Una explicación habitual es que han pasado largas temporadas en los Estados Unidos, generalmente como trabajando ilegalmente.
Casi todos los habitantes de Sierra Norte, las boscosas colinas que ocupan los zapotecas en los alrededores de Oaxaca tienen parientes en EE.UU.
"No he salido de estos bosques más que para ir a Los Ángeles", dice Víctor, vecino del lugar.
"Pero no tenía papeles, así que tuve que volver. Mis hijos hablan zapoteca, pero yo no. Se lo enseñaron sus abuelos mientras yo estaba fuera".
Sin embargo, Lynn Stephen, de la Universidad de Oregón, ha estudiado la región durante 27 años y no cree en la brecha generacional.
"Hay más interés y apoyo ahora en hablar zapoteca. Las cosas han cambiado y ahora hay un sentimiento de orgullo indígena".
"El movimiento zapatista de los años 90 abrieron un espacio político para los movimientos indígenas y muchas comunidades empiezan a estar orgullosos de su condición".
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