Última actualización: jueves, 11 de marzo de 2010 - 19:34 GMT

Liga Premier: Beckham legitima revolución verde oro

David Beckham

Beckham se puso una bufanda que legitimó una de las revoluciones más sorprendentes del fútbol.

A veces, un pequeño gesto tiene consecuencias profundas, amplificadas por la importancia del personaje y su valor simbólico en el ánimo popular.

Como el gesto de David Beckham al colocarse una bufanda en el cuello.

Anoche, al dejar el campo de Old Trafford con el uniforme del AC Milan, que había caído 4-0 ante su ex equipo, el Manchester United, Beckham hizo el mínimo pero crucial gesto.

Y los aplausos llovieron de las gradas.

Beckham no lo hizo para protegerse del frío, todavía intenso en Manchester, sino en apoyo a la campaña de un vasto sector de la afición para repudiar a los propietarios del Manchester United, la familia Glazer.

Ese simple gesto legitimó y ahondó una de las revoluciones más sorprendentes en el ámbito del fútbol, tanto más porque, a fin de cuentas, el equipo acaba de eliminar al poderoso Milan de la Liga de Campeones y encabeza la liga inglesa (aunque el Chelsea ha jugado un partido menos).

El símbolo

Pero los rebeldes no protestan por los malos resultados, sino por la gestión administrativa, que ha cargado al club de enormes deudas.

Los conjurados se identifican con los colores verde y oro, originales del club a fines del siglo XIX, cuando se llamaba Newton Heath y representaba a los depósitos ferroviarios del barrio de ese nombre.

Con ese llamado a la tradición, quieren destacar el carácter de advenedizos de los Glazer, unos empresarios de Florida, Estados Unidos.

Beckham dijo luego que no había sido su intención desairar a los Glazer, sino homenajear al Manchester United, pero todos saben que siempre está alerta ante el significado oculto de los símbolos, además de las palabras.

La "revolución verde oro", como ya la llaman, crece con rapidez: sus militantes ya están en todas las tribunas (Beckham seguramente tuvo en cuenta esto), pero su eficacia es relativa, debido a la campaña paralela de un grupo de especuladores bursátiles y empresarios, los Caballeros Rojos, que quieren comprar el club y administrarlo al servicio del proyecto deportivo, en vez del servicio de la deuda, como ocurre ahora.

Esto, lejos de fastidiar a los Glazer, les viene bien, ya que una de sus consecuencias es la valorización de su propiedad y las acciones del club.

La familia Glazer adquirió el Man U en 2005, pero con poco dinero propio: en cambio, financió la compra con créditos bancarios que cargaron a la cuenta del club, que hasta entonces no había tenido deudas.

O sea que el club ha enriquecido a los propietarios anteriores, que vendieron, y también a los nuevos, que no aportaron dinero propio.

"Transformación de la riqueza"

El club, con sus recursos, y los aficionados, de su bolsillo (los precios de las plateas, antes relativamente bajos, se han duplicado), financian esta "transformación de la riqueza", para llamarla de algún modo.

En los últimos meses la carga se ha hecho muy pesada.

Los Glazer, que en Florida tienen intereses en el negocio inmobiliario y de casas rodantes (muy afectado por la crisis), han estado retirando del club gruesas sumas en concepto de honorarios y gastos de representación, además de endeudar más al club para refinanciar los créditos.

Jim O’Neill, alto funcionario del banco Goldman Sachs; Keith Harris, presidente de una empresa de corretajes bursátiles; Paul Marshall, un importante gestor de negocios, y otros, concibieron la idea de los Caballeros Rojos: si un grupo, digamos cien personas, todas ricas, todas hinchas del Manchester United, ponen, supongamos, 10 o 15 millones de libras esterlinas, sería suficiente para comprar el club a los Glazer, que lo han tasado en 1.200 millones de esterlinas.

Pero los Glazer han dicho que no quieren vender. En realidad, la situación les viene como anillo al dedo: la campaña de los Caballeros Rojos persuadió a los especuladores del mercado de comprar los bonos que los Glazer habían colocado para refinanciar la deuda, y ya no tienen urgencia.

Si los Caballeros Rojos quieren expulsarlos, deberán pagarles lo que ellos quieran. Hasta hace unas semanas, los Glazer querían 1.200 millones. Ahora, con el alivio en el servicio de la deuda y unos ricachones que quieren comprar el club, pueden sentarse y esperar una buena oferta.

Pero los propietarios no las tienen todas consigo.

Si la campaña deportiva pierde eficacia, si la falta de refuerzos termina por agotar a un plantel que ahora gira alrededor de un inspirado Wayne Rooney, la maniobra de pinzas, entre los aficionados en rebeldía y los empresarios con sus chequeras, sería muy difícil de resistir.

100.000 adherentes

De hecho, aficionados y empresarios ya han hecho un frente común: los Caballeros Rojos han llegado a un entendimiento con el Fondo de Partidarios del Manchester United (MUST, según las siglas en inglés), que propone que los aficionados participen en la operación de compra.

MUST ya tiene más de 100.000 adherentes y se dice que agrega varios miles todos los días.

Queda por verse cómo se las arreglarán los Caballeros Rojos, tras el eventual "derrocamiento" de los Glazer, para honrar lo que prometen, es decir, administrar el club en forma colectiva, desarrollando el proyecto deportivo y atendiendo sobre todo los intereses de los aficionados.

Ellos dicen que, básicamente, son hinchas y que atenderán los dictados del corazón.

A esto cabe acotar que el bolsillo también tiene sus razones.

Por ahora, la Revolución Verde Oro y los Caballeros Rojos acaparan los titulares, gracias, en parte, a David Beckham.

¿Será, también él, un Caballero Rojo? Seguramente no le faltarán 10 ó 20 millones.

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