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Última actualización: lunes, 9 de noviembre de 2009 - 17:22 GMT

La Paz celebra la Fiesta de las Ñatitas

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En Bolivia, la Fiesta de las Ñatitas es una colorida mezcla de antiguo ritual y fe católica y eso se puede apreciar de cerca en el cementerio de La Paz.

Oscar Morales se arrodilla frente a dos cajas de cristal, que contienen dos calaveras humanas con sus respectivas boinas.

“Le rezo a Saddam Hussein y al Che Guevara”, dice, “los tengo conmigo en mi casa, en un altar. Les doy ofrendas y ellos me dan protección. Nunca me fallaron, nunca, y soy el devoto más fiel”.

Oscar Morales, un fiel de las ñatitas

Oscar Morales hace ofrendas a sus calaveras y les pide protección.

A su alrededor, miles de personas caminan por el enorme camposanto, cantando y tocando música popular para sus calaveras decoradas, ofreciéndoles sus plegarias y todo tipo de ofrendas, desde ramos de flores hasta pan y dulces.

Mónica, una indígena andina, luce bombín y falda de volados. Está sentada frente a una tumba, junto a Justo, la calavera de su abuelo.

“Es tan bueno y nos cuida tanto a mi madre y a mí, que es una parte integral de mi familia. Tengo mucha fe en él”, cuenta.

Es la Fiesta de las Ñatitas, un rito religioso local que alcanza su punto más alto cada año a principio del mes de noviembre -justo una semana después del Día de Todos los Santos católico.

“Ritos de muerte ancestrales”

El rito es hoy una mezcla de creencias católicas e indígenas, pero tiene sus raíces en rituales antiguos para los muertos que practicaban los grupos autóctonos del país como los pre-incaicos Aymara y Quechua

Doctor Josef Estermann, experto en teología andina.

Las “Ñatitas” –o “narices chatas” en el lenguaje indígena Aymara local- son calaveras humanas reverenciadas por miles de indígenas católicos bolivianos que creen que los protegen del mal y los ayudan a alcanzar sus metas, e incluso pueden obrar milagros laborales.

Los cráneos –no necesariamente de parientes y seres queridos- a veces son exhumados y otras veces pasan de mano en mano.

La mayor parte del tiempo se guardan en el interior de las casas, pero cada año, en esta época, desfilan por el cementerio principal de la ciudad.

“El rito es hoy una mezcla de creencias católicas e indígenas, pero tiene sus raíces en rituales antiguos para los muertos que practicaban los grupos autóctonos del país como los pre-incaicos Aymara y Quechua”, explica el doctor Josef Estermann, experto en teología andina.

“Estas prácticas permanecen muy integradas en la vida diaria de la mayoría indígena de Bolivia”.

La calavera conocida como Capitán Víctor

El Capitán Víctor es una de las calaveras más populares de La Paz.

Todas las “ñatitas” tienen nombres, pero no necesariamente corresponden a los de las personas a las que originalmente pertenecieron.

El Capitán Víctor es uno de los objetos de devoción más populares de La Paz. Esta calavera con manchas de tabaco, supuestamente de un antiguo policía, es reverenciada como una deidad por un ferviente grupo de fieles.

Comerciantes, mujeres indígenas pobres, estudiantes, oficiales de policía e incluso miembros del parlamento lo visitan cada año para pedirle favores y llenarlo de ofrendas como pétalos de flores, hojas de coca y cigarrillos.

“Alguien me dio a Víctor hace 22 años con la condición de no dejarlo ir. ¿Cómo puedo dárselo a otro si es una de las más preciadas partes de mi vida?”, dice con lágrimas en los ojos la dueña de Capitán Víctor, Virginia Laura, una mujer diabética madre de tres hijos.

“Me ayudó a superar los tiempos más difíciles de mi enfermedad, protege mi casa, mi familia, todo lo que valoro. No podría vivir sin él a mi lado”, afirma mientras se arrodilla ante un cráneo humano adornado con gafas de sol y un sombrero de policía color verde oliva.

“Ideas religiosas confundidas”

Para honrar los huesos de sus ancestros, algunos también festejan después de la celebración del cementerio. Ese es el caso de los seguidores más leales del Capitán Víctor.

En un restaurante cerca del camposanto, repleto de velas y carteles, la devota Sofía Fernandez le cuenta a la BBC: “le rezo al Señor y al mismo tiempo le rezo a Víctor”.

Sofía Fernández, seguidora del Capitán Víctor

Sofá Fernández le reza a Dios y a Víctor al mismo tiempo.

Sofía ha sido una fan absoluta de Víctor los últimos veinte años, y dice que le ha ayudado con problemas de deudas y además castigó psicológicamente a un “infiel” que la “amenazó”.

Pero la Iglesia Católica Romana no se siente cómoda con semejante choque de creencias, y ha intentado convencer a los devotos de que las abandonen.

A principios de este mes, la Iglesia llamó a los fieles a dejar de usar cráneos humanos en las misas especiales de celebración.

El arzobispo de La Paz, Edmundo Abastoflor, urgió a los seguidores del rito andino a “dejar a los muertos descansar en paz”.

Algunas personas desde dentro de la Iglesia incluso relacionan esta práctica con el ocultismo.

De alguna manera los comprendo, y también entiendo que tengan ideas religiosas confundidas

Padre Jaime Fernández, cura del Cementerio de La Paz

Sin embargo, algunos curas piensan que no tienen otra alternativa que dejar que la gente dirija plegarias católicas a sus calaveras, y permitir que acudan con ellas a las parroquias.

“Yo los recibo, y no como enemigos de la fe católica”, le dijo a la BBC el cura del cementerio, el padre Jaime Fernández, después de dar una bendición informal a miles de devotos con sus calaveras en la capilla del camposanto.

“No tienen malos espíritus o mala conciencia; no son antirreligiosos; no son enemigos de la fe católica. De alguna manera los comprendo, y también entiendo que tengan ideas religiosas confundidas”.

“Oficialmente la Iglesia Católica no reconoce una cosa así”, agregó el padre Fernández.

“Llevo aquí 15 años. Conozco a mis hermanos y he tratado de explicarles que lo que tenemos que celebrar no es la muerte sino la resurrección, y que no pueden utilizar los cráneos como intermediarios entre ellos y Dios”.

“Pero seamos honestos, al final, ¿quién soy yo para detener su fe incontrolable?”


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