Mario Cacciottolo
BBC

La búsqueda de criminales de guerra se abandonó con la llegada de la Guerra Fría.
"La búsqueda de criminales de guerra nazis es la carrera contra el reloj de la justicia por excelencia".
Eli Rosenbaum, director de la Oficina de Investigaciones Especiales (OSI) en Estados Unidos, tiene una lista de miles de sospechosos.
Pero establecer si están vivos y en EE.UU. no es una labor fácil. Una revisión completa podría tomar unos 100 años al ritmo actual, dice, pero en cuestión de una década "el reloj biológico de la II Guerra Mundial llegará a su fin".
Al contrario de la creencia generalizada, la mayoría de los ex nazis no se escondieron después de la guerra, ni siquiera se cambiaron de nombre.
Hubo unos -como Adolf Eichmann, que planeó el transporte de los judíos a los campos de concentración, y el Dr. Joseph Mengele, el "ángel de la muerte" de Auschwitz- que se escaparon en medio del caos de la posguerra y asumieron identidades falsas.
Sin embargo, la mayoría simplemente se quitó su uniforme, se fue a casa y consiguió empleo.
Y durante el período crucial en los años '50, poco se hizo para encontrarlos, dicen los expertos.
"Más se podría haber hecho, pero no hubo la voluntad política. No sólo entre 1945 y 1948, sino también después de eso", dice Jean-Marc Dreyfus, profesor de estudios del Holocausto en la Universidad de Manchester de Inglaterra.
"A eso de 1953, el rastro de los nazis desaparece, y es importante apuntar que la razón fue la Guerra Fría".
"Occidente necesitaba una Alemania fuerte y no quería gastar tiempo cazando nazis, muchos de los cuales para entonces eran parte de la sociedad e incluso del gobierno de la República Federal".

Kumpf fue deportado a Austria, pero quedó libre pues allá su caso prescribió.
"Sacar a esos individuos habría debilitado a la nación, y para Occidente ya era más importante tener una Alemania fuerte posicionada contra Rusia".
"Había doctores, ingenieros y miembros del ejército que estuvieron involucrados con el Nazismo y a quienes les permitieron seguir tranquilos después de que terminó la guerra. Los aliados llegaron a trabajar junto con los mismos generales del ejército que Hitler".
En los años '50 y '60, el fiscal y juez alemán Fritz Bauer estimó que unos 100.000 alemanes fueron responsables de alguna manera por la aniquilación masiva de judíos. Otros cálculos hablan de 300.000.
Bauer también dijo que menos de 5.000 habían sido procesadas legalmente, lo que era apenas "una gota en el océano" según Dreyfus.
"A juzgar por esos estimados, no se ha hecho justicia".
Sin embargo, en la década de los '70 hubo un cambio de conciencia respecto al Holocausto, una demanda de parte del público que quería saber más sobre lo que ocurrió.
Cuando la segunda generación empezó a cuestionar a sus padres y sus actividades durante la guerra, y los historiadores empezaron a hacer preguntas sobre los gobiernos y sus políticas hacia los judíos, empezó a crecer también el interés por los crímenes de guerra.
"El momento decisivo fue entre 1976 y 1978, y con ese aumento de conciencia se consideró que se debía perseguir a los nazis de nuevo".

Para Dreyfus, los procesos legales son educativos.
"Antes de eso, no había tanto interés como hay ahora", dice Dreyfus.
El profesor David Cesarani, autor de Justicia retrasada -un libro que explica cómo el Reino Unido llegó a concederle la ciudadanía a numerosos colaboradores nazis de Europa Oriental en los años de la posguerra-, dice que tanto el Reino Unido como EE.UU. contrataron a sabiendas a criminales de guerra para luchar en la Guerra Fría.
Documentos estadounidenses recientemente desclasificados muestran como sus agencias de inteligencia a menudo cazaban a criminales de guerra nazis para usarlos, no para castigarlos, señala Cesarani.
"Como resultado, personal nazi clave vinculado al genocidio y a atrocidades estuvo libre por décadas... y muchos nunca fueron atrapados", le dijo a la BBC.
Cesarani concuerda en que el entusiasmo por cazar nazis repuntó en los '70, y lo atribuye en parte al juicio de Adolf Eichmann en 1960-61 y a un renovado interés por el Holocausto entre académicos y escritores que ese juicio ayudó a generar.
Durante los años en los que los países occidentales hicieron poco para identificar a ex criminales de guerra nazis que vivían con ellos, sin embargo, investigadores privados batallaron sin descanso.
Simón Wiesenthal, quien fundó el Centro de Documentación Histórica Judía en Austria en 1947, y contribuyó en la captura de Eichmann, también ayudó a rastrear a Franz Murer, "el carnicero de Vilnius"; Erich Rajakowitsch, responsable del transporte de los judíos holandeses a los campos de la muerte; Franz Stangl, el comandante de los campos Treblinka y Sobibor; Karl Silberbauer, el oficial de la Gestapo que arrestó a Ana Frank y muchos otros.

El juicio de Eichman fue uno de los factores que despertó el interés por la justicia.
De una generación más joven, Serge y Beate Karlsfeld persiguieron a nazis y colaboradores que habían tenido un rol protagónico en la Francia ocupada. Además, se valieron de maniobras atrevidas para abrirle los ojos a Alemania y mostrarles que criminales de guerra eran parte de su sociedad y que a veces detentaban posiciones de poder.
Un centro nombrado en honor a Simón Wiesenthal sigue buscando hoy en día a nazis sobrevivientes y le da seguimiento a los gobiernos nacionales.
En el último informe anual, de abril de 2008, se dice que hay 608 investigaciones en curso en todo el mundo y que ha habido 76 condenas desde 2001.
Además, le da a EE.UU. una calificación máxima, A, por sus esfuerzos en términos de llevar nazis ante la justicia, un galardón que ningún otro país ha recibido antes.
El Reino Unido, que recibió una C en 2001 -por "éxito mínimo que podría haber sido mayor"-, cayó a la categoría X, lo que indica que "no tomó ninguna medida en absoluto para investigar a sospechosos de ser criminales de guerra nazis".
El trabajo que en EE.UU. hace el OSI involucra a una equipo de historiadores examinando archivos que contienen 70.000 nombres -incluyendo 40.000 "oficiales de alto rango del SS- y luego buscándolos en listas de residente estadounidenses.
Si algún nombre coincide, empieza una investigación.
Si un criminal de guerra es procesado, es desnaturalizado, deportado o extraditado.
El primer extraditado de EE.UU., en 1973 -gracias, en gran medida, a Simón Wiesenthal- fue Hermine Brauensteiner-Ryan, quien fue acusado, entre otras cosas, de golpear y patear a mujeres hasta matarlas en el campo Majdanek.
El deportado más reciente, el jueves pasado, fue Josias Kumpf, de 83 años de edad, a quien se le acusa de participar en la exterminación de 8.000 judíos en un día en el campo Trawniki en la Polonia ocupada.
"La deportación de Josias Kumpf a Austria logró en gran medida justicia para las víctimas de la inhumanidad nazi y refleja el compromiso inquebrantable del gobierno estadounidense de continuar en la búsqueda de la justicia", dijo Eli Rosenbaum en un comunicado.
Kumpf fue liberado por los austríacos pues las leyes de prescripción del país no permiten que sea procesado.
Josias Kumpf es más joven que cualquiera de los hombres que el Centro Simón Wiesenthal (CSW) tiene en su lista de "los más buscados".
El más viejo es Alois Brunner quien, si está vivo, va a cumplir 97 años. Aribert Heim, de quien recientemente se dijo que murió en Egipto pero el CSW no está convencido, tendría 94 años de edad si está vivo.
El más joven de la lista, Mikhail Gorshkow, tendría 85.
De los que se sabe dónde están, la mayoría está imbuido en largas batallas legales para evitar que los lleven a juicio o que los extraditen, y el tiempo les favorece.
Por ejemplo, Heinrich Boere, de 87 años, acusado de asesinar a tres miembros de la resistencia holandesa, fue declarado demasiado viejo y enfermo para ser juzgado en Alemania.
La posibilidad de que alguno de los sospechosos sea procesado y sentenciado es, aunque no imposible, bastante remota.

Fuente: Centro Simon Wiesenthal
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