Redacción
BBC Mundo
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¿Alguna vez sintió deseos de romper cosas? ¿O de darle un puñetazo a la pared? ¿O de gritarle a su jefe(a)? Todos perdemos los estribos con menor o mayor frecuencia e intensidad.
Como contracara, todo el mundo debe soportar a familiares, superiores o clientes que también pueden tener ataques de ira.

El azafato se puso muy nervioso.
Sin ir más lejos, esta semana no fue la mejor en lo que a relaciones empleado-cliente respecta.
Primero, el azafato Steven Slater, de 39 años, se hartó de un pasajero que se empeñaba en abrir el compartimento de equipaje antes de lo permitido y lo insultó por el altavoz del avión. Acto seguido, testigos dicen que tomó una cerveza de la cocina, activó el tobogán inflable y salió por la puerta de emergencia de la aeronave.
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Luego Melodi Dushane, de 25, se puso tan loca en un local de comida rápida de Ohio que agredió a la empleada y le rompió la ventanilla. ¿El motivo? No había nuggets de pollo.
Ambos casos terminaron en los tribunales. Pero no son aislados. De hecho, en muchos países –especialmente en Estados Unidos- el manejo de la ira -en inglés, anger management- es una técnica cada vez más usada para apaciguar a aquellos que tienen un día de furia.
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¿Cómo manejar esta ira? Para Mike Fisher, fundador de la Asociación Británica para el Manejo de la Ira, lo importante no es ver qué motivó el arranque de furia sino remontarse a unas dos semanas atrás del episodio y ver qué es lo que ha ocurrido en ese periodo.
"Cuando alguien tiene problemas, debería hablar de ellos", le dijo Fisher a la BBC. "Pero todos queremos mostrarnos tan fuertes e infalibles que basta con que algún cliente haga algo inofensivo para que todo estalle".
El experto señala que miles de personas que acuden a él le dicen que no pueden mostrarse transparentes con lo que les pasa pues quedan como unos débiles.
Además de conversar con quien corresponda sobre el tema –por ejemplo, el jefe o el departamento de recursos humanos de la empresa, en los casos laborales- Fisher recomienda:
Por su parte Phillip Hodson, de la Asociación Británica de Asesoramiento Psicológico y Psicoterapia, coincide en que "el nugget que rebalsó el vaso" oculta una historia de estrés contenido.
"Si uno viene de una familia donde el enojo sólo se manifiesta en forma de rabieta, no aprende otra forma de expresarlo", señala el especialista.
El temperamento se altera y uno se enoja con la misma intensidad si su esposa compró el tipo de queso equivocado o si se fue a la cama con otro hombre
Phillip Hodson
"El temperamento se altera y uno se enoja con la misma intensidad si su esposa compró el tipo de queso equivocado o si se fue a la cama con otro hombre".
Para el especialista, hay personas que simplemente no soportan la frustración, algo muchas veces transmitido por sus padres durante la infancia.
Algunas sugerencias de Hodson para quienes no logran evitar que les hierva la sangre son:
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