Última actualización: martes, 20 de julio de 2010 - 11:10 GMT

Las aves tienen la capacidad de planificar

Foto: Chris van Rooyen

Los fenicúlidos verdes se anticipan a un posible conflicto conflicto. Foto: Chris van Rooyen

Así como los seres humanos refuerzan sus lazos afectivos dentro del grupo antes de enfrentar una situación difícil, las aves parecen hacer lo mismo.

Un estudio llevado a cabo por la Escuela de Ciencias Biológicas de la Universidad de Bristol, en el Reino Unido, demostró que los pájaros intensifican sus relaciones intragrupales cuando aumentan las posibilidades de un conflicto con un grupo rival.

Esta conducta parece indicar que las aves pueden ser capaces de anticiparse a una situación y planificar de antemano, comportamiento que normalmente se atribuye a los seres humanos y a los primates más evolucionados.

Hasta el momento, los científicos tenían conocimiento de que los pájaros se mostraban más solidarios unos con otros -arreglándose mutuamente las plumas con el pico- inmediatamente después de haber sorteado una situación de peligro, pero ésta es la primera vez que observaron este comportamiento antes de que el conflicto o el peligro tuviese lugar.

Contrato

Lo interesante es que esta actividad -que es el equivalente a un masaje relajante para los seres humanos- se produce cuando llegan a la zona limítrofe, aunque no hayan rastros de la presencia de un grupo rival

Andy Radford, Universidad de Bristol

Durante siete meses, el investigador Andy Radford estudió diversos grupos de fenicúlidos verdes, un ave que habita comúnmente en los bosques del sur de África.

En estos grupos -compuestos por entre dos y 16 individuos- hay un par dominante, encargado de producir descendencia. El resto consiste en subordinados.

En el transcurso del año, cada grupo defiende una región del bosque. Cuando los integrantes del grupo se acercan a la zona que limita con el área del grupo vecino, en la que hay más probabilidades de que estalle un conflicto intergrupal, el par dominante comienza a limpiar el cuerpo y las alas de sus subordinados con su pico.

"Lo interesante es que esta actividad -que es el equivalente a un masaje relajante para los seres humanos- se produce cuando llegan a la zona limítrofe, aunque no hayan rastros de la presencia de un grupo rival", le dice a BBC Mundo Radford.

"No lo hacen en respuesta a una señal de sus oponentes, sino anticipándose a lo que pueda venir", añade el investigador.

Según Radford, el par dominante entra en un contrato social con los subordinados, intercambiando un masaje por su participación en el conflicto.

Éste se resuelve mediante una competencia de sonidos, que se alternan entre un grupo y otro, "como sucede por ejemplo en un estadio de fútbol, donde la hinchada de un equipo canta y la otra le responde del mismo modo", dice Radford.

Cuando el tamaño importa

El tamaño del grupo tiene una influencia decisiva en el triunfo, por tanto cuántos más individuos participen, más chances de ganar para ingresar en el territorio ajeno, robar comida y volver al área propia.

Si bien esta conducta fue observada en los fenicúlidos, Radford afirma que es muy probable que esté presente en una gran variedad de especies.

Según el especialista, los resultados de esta investigación ponen de relieve cómo mejora nuestro entendimiento de la cooperación y la dinámica intragrupal si se estudia en mayor profundidad las relaciones intergrupales.

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