Última actualización: lunes, 23 de noviembre de 2009 - 19:16 GMT

¿Cambió Darwin a América Latina?

El origen de las especies, de Charles Darwin

Una copia de El origen de las especies llegó casi de inmediato a Argentina.

El impacto que las teorías de Charles Darwin tuvieron en Sudamérica fue profundo e inmediato: la primera copia de El origen de las especies llegó a Argentina al mes de su publicación en noviembre 24, 1859, y fue llevada hasta la estancia de William Henry Hudson (quien luego se convertiría en un famoso naturalista) por su hermano.

En las siguientes cuatro décadas, hubo un acalorado debate entre las élites de cada país sobre los méritos y las implicaciones de las ideas de Darwin.

La excepción fue Paraguay, donde el rechazo a abordar el tema del darwinismo se convirtió en tema central del discurso político durante el primer tercio del siglo XX.

Conservadores católicos y liberales anticlericales repitieron los mismos debates que se estaban dando en Europa por aquella época. Aunque con notable sabor local.

El factor raza

En países con grandes poblaciones indígenas, negras o mestizas, el darwinismo inevitablemente se introdujo en la polémica sobre la raza.

Amerindios del Gran Chaco

El exterminio de indígenas se interpretó en el marco de la inexorable ley del más fuerte.

Fue así como en Brasil, los seguidores del zoólogo alemán Ernst Haeckel, como Tobías Barreto y Sylvio Romero, argumentaron que los mestizos estaban mejor adaptados para la vida en el trópico, aún cuando suponían que la mezcla racial también causaba degeneración cultural.

Por su parte, en su libro Os Sertões, Euclides da Cunha adujo que las ideas regresivas de los rebeldes de la desolada región del norreste de Bahía eran resultado de que estaban en una "etapa evolutiva inferior". En Bahía, el médico Raimundo Nina Rodrigues elaboró un código criminal basado en la suposición que las personas de diferentes razas debían ser juzgadas bajo diferentes estándares pues se encontraban en planos culturales desiguales.

En Argentina, fue sólo después de la campaña de Juan Manuel de Rosas para el exterminio de los grupos amerindios locales que los antropólogos arguyeron que los aborígenes se habían rendido ante la inevitable e inexorable ley del más fuerte. En México, sin embargo, algunos sostuvieron que los pueblos indígenas eran más evolucionados que los europeos.

El más fuerte

Herbert Spencer

Las teorías del sociólogo británico Herbert Spencer influyeron en los ideólogos uruguayos.

Los seguidores del sociólogo británico Herbert Spencer, quien fue el que acuñó la frase “la supervivencia del más fuerte”, introdujeron el darwinismo social, particularmente a la docencia de Leyes.

Los uruguayos adeptos de Spencer, Eduardo Acevedo y Martín C. Martínez, aplicaron el darwinismo de una manera exageradamente literal a la evolución de los estados y las sociedades, y fueron sus opiniones las que informaron la ideología del emergente Partido Nacionalista o Partido de los Blancos.

Mientras que en otros países católicos el darwinismo era proscrito, en Uruguay los católicos se quejaban de que la Universidad de la Republica se había transformado en una “dictadura darwiniana” porque el cuerpo docente, particularmente el de las facultades de Derecho y Medicina, estaba dominado por evolucionistas.

Esto se debió a que el dictador Lorenzo Latorre era un positivista que designó a un destacado darwiniano, José Pedro Varela, al Ministerio de Educación Pública, desde cuyo cargo pudo manejar el currículum a favor de las ideas evolucionistas.

Política ciencia y literatura

Cráneos de neanderthal y homo sapiens

El paleontólogo Florentino Ameghino impulsó la teoría de el Homo sapiens argentino.

Con respecto a la ciencia, la teoría del paleontólogo Florentino Ameghino de que Homo sapiens se originó en Argentina se convirtió en un instrumento de política nacional.

En Brasil, el Museo Nacional de Río de Janeiro estaba dirigido por el darwiniano Ladislao Netto. Netto contrató al gran zoólogo alemán Fritz Müller como naturalista itinerante.

Müller, que vivía en la colonia alemana de Blumenau en Santa Caterina, era el biólogo darwiniano más importante del mundo, después del propio Darwin; su investigación de campo en la que sustenta la teoría de Darwin se publicó en 1864 bajo el título Für Darwin (Para Darwin).

El Museu Paraense, en Belém, estado de Pará, también fue fundado y dirigido por un darwiniano, Emilio Goeldi.

En la rama de la literatura las alusiones al darwinismo eran comunes. La novela del argentino Eduardo Holmberg, Dos partidos en lucha (1875) postula un gran debate nacional entre los evolucionistas y sus detractores, que solo viene a ser resuelto con la llegada del mismo Darwin a Buenos Aires.

Darwin hace otra aparición en la novela brasileña A Carne (1888) de Julio Ribeiro. En los cuentos del argentino Julio Cortázar (El axolote), del cubano Alejo Carpentier (Viaje a la semilla) y del peruano César Vallejo (Los caynas) también figuran abiertamente los temas darwinianos.

El profesor Thomas F. Glick, historiador de la Universidad de Boston, Estados Unidos, copreside el Comité del Bicentenario de Darwin para el área metropolitana de Boston.

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