Finlandia fue el primer país europeo que impuso una tasa al carbono, en 1990. Le siguieron, poco después, Suecia y Dinamarca.
El presidente francés, Nicolas Sarkozy, presentó este jueves un nuevo impuesto que gravará las emisiones de dióxido de carbono (CO2) para luchar contra el cambio climático.

El objetivo, dice Sarkozy, es combatir el cambio climático.
"Se creará la tasa al carbono a partir de 2010 sobre el petróleo, el gas y el carbón", sostuvo el mandatario.
El impuesto ecológico consistirá en casi 25 dólares por tonelada de CO2 emitido y aumentará progresivamente, aunque no se precisó cuánto.
La tasa se aplicará a los particulares y empresas que consumen energías fósiles (petróleo, gas natural o carbón) y, según dijo el propio Sarkozy, incrementará el precio del gasoil en 4 centavos de euro (US$5,8 centavos) el litro y en 4,5 centavos (US$6,50) el de la gasolina.
Sin embargo no se aplicará a las grandes industrias consumidoras de energía -porque ya están sometidas al sistema europeo de intercambios de emisión.
Las encuestas dicen que dos tercios de los franceses se oponen al impuesto pues temen que sus boletas de calefacción y electricidad aumenten.
Los críticos dicen que el impuesto que empezará a aplicarse en 2010 es una mera estratagema para sanear las sufridas finanzas galas.
Sin embargo, según informa desde París la corresponsal de la BBC Emma Jane Kirby, Sarkozy insiste en que el impuesto servirá para que los franceses cambien sus hábitos y reduzcan su consumo de energía.
Ante la reticencia de la opinión pública el presidente francés puso el acento en que el impuesto será compensado con otras rebajas fiscales.
Sarkozy insistió en que "la tasa de carbono no aumentará los impuestos", ya que se compensará con una disminución del impuesto sobre la renta o con la entrega de un "cheque verde" para los que están exentos de ese tributo.
Por ejemplo, una familia con dos hijos que viva en una zona urbana se beneficiará de una reducción de 162 dólares en su primer tercio de declaración del impuesto a la renta.
La cifra será variable según la situación de cada familia. Se beneficiarán, por ejemplo, los franceses que no tienen acceso al transporte público y están obligados a recurrir al coche privado, como los que viven en zonas rurales o trabajan en horarios nocturnos.
Finlandia fue el primer país europeo que impuso una tasa al carbono, en 1990. Le siguieron, poco después, Suecia y Dinamarca.
También queda excluida la electricidad, con el argumento de que en Francia su producción procede en una inmensa mayoría de las centrales nucleares y de otras fuentes renovables que no generan emisiones causantes del efecto invernadero.
"La tasa carbono impulsará a los franceses a desviarse del consumo de energías fósiles", confió Sarkozy y calificó la iniciativa como una "nueva revolución industrial".
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