Última actualización: jueves, 13 de agosto de 2009 - 13:50 GMT

Un barco que fabrica nubes

Barco que lanza gotas de agua a las nubes

Construir cada barco tiene un costo de US$1.600 millones.

Grandes, pequeñas, alargadas o gordas como pompones de algodón, las nubes tienen la capacidad de rebotar parte de la energía que reciben del sol -entre 1% y 2%- hacia el espacio.

Mediante este proceso, las nubes que se encuentran cerca de la superficie del mar frenan parte de la luz solar que, de otro modo, calentaría las aguas del océano.

Si pudiesen reflejar un poco más del calor que reciben, la temperatura de las aguas se calentaría aún menos.

Esta premisa es la que tomaron como punto de partida los científicos británicos Stephen Salter y John Latham, que investigaron una nueva tecnología que, en opinión de ambos, "podría resolver el problema del calentamiento global".

La idea consiste en amplificar la cantidad de luz solar que reflejan las capas superiores de las nubes bajas, que cubren cerca de la cuarta parte de la superficie oceánica, para evitar que se calienten las aguas de los mares.

Para ello, los expertos diseñaron un barco controlado por satélite que no requiere tripulación e impulsado por energía eólica, que despide por sus chimeneas gotas de agua que absorbe del mar, para aumentar la densidad de las nubes.

Cargadas con más gotas de agua, las nubes aumentarían su poder de refracción de tal manera que "se podría contrarrestar el efecto de las emisiones de dióxido de carbono", le explicó Salter a BBC Mundo.

"Para revertir el daño causado por las emisiones", agrega, "se necesitan lanzar en todo el mundo y de forma constante entre 8 y 9 metros cúbicos de gotas de agua por segundo".

Salter calcula que en la actualidad haría falta poner en circulación por los océanos del mundo unos 300 barcos. A US$1.600 millones por unidad, el costo total de la empresa estaría por debajo de los U$500.000 millones.

Críticas y obstáculos

Uno de los temas más espinosos para los expertos que trabajan en esta propuesta es el de diseñar un sistema de rociado que al absorber el agua del mar no se bloquee con el plancton y otros elementos presentes en la superficie marina.

Nuestro mensaje es que hay que recortar las emisiones en todo lo que se pueda, pero de lo que no se puede reducir, de eso, nos encargamos nosotros

Stepehn Salter, Univesidad de Edimburgo

Aunque otro obstáculo quizá aún mayor es el cúmulo de críticas que genera un proyecto que involucra soluciones tecnológicas cuando la opinión generalizada sostiene que los gobiernos deben concentrar sus esfuerzos en implementar políticas para reducir las emisiones de CO2.

Salter se defiende: "nuestro mensaje es que hay que recortar las emisiones en todo lo que se pueda, pero de lo que no se puede reducir, de eso, nos encargamos nosotros".

A los que consideran que es un desvío innecesario de recursos, Salter les responde, a través de BBC Mundo, con un paralelismo: "es como decir que los pilotos no deben llevar un paracaídas porque entonces no se preocuparán por pilotar su avión correctamente".

El científico reconoce que si bien evitar el calentamiento de los mares no soluciona todos los problemas (porque entre otras cosas no resuelve la acidificación de los océanos) "al menos resuelve la mitad de ellos".

Listo en cinco años

Nubes

La cara superior de la nube refleja entre 1% y 2% de la energía solar.

La manipulación de las nubes no es una idea nueva. Según comenta John Latham esta clase de experimentación comenzó en los años '40 y el proyecto del barco de las nubes tiene por los menos diez años en circulación.

Sin embargo, ahora la iniciativa parece haber recobrado nuevo vigor, despertando el interés de algunas organizaciones como el Centro del Consenso de Copenhague (CCC), un centro de investigación que se dedica a asesorar a los gobiernos sobre cómo gastar el dinero en proyectos de ayuda.

Asimismo, se espera que la Royal Society -la academia independiente de ciencias del Reino Unido y la Mancomunidad de Naciones- anuncie el próximo septiembre que esta iniciativa es una de las ideas de ingeniería más promisorias.

Si el equipo de expertos consigue financiación para desarrollar el proyecto, Salter calcula el primer prototipo podría ponerse a prueba dentro de cinco años.

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