¿No es mejor que tu equipo quede fuera del Mundial?

  • 24 junio 2014
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Fan de Inglaterra

El pasado sábado, los periódicos con que los ingleses acompañaron el desayuno confirmaron la noticia indigesta que la mayoría ya conocía: "Adiós, England", abrió la portada deportiva de "The Guardian", con título en español tras la sorpresiva victoria de Costa Rica sobre Italia que, matemáticamente, ponía fin al sueño de su escuadra nacional de fútbol.

"¿De quién es la culpa?", cuestionó el diario tras las dos caídas inglesas, primero frente a Italia y luego ante Uruguay, que dejaron a los "Tres Leones" rápidamente fuera de Brasil 2014.

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Muy rápidamente, para ser precisos: para Inglaterra, ha sido el Mundial más corto de su historia.

"Que se venga el 2018", desafió el más sensacionalista "The Sun", decidido a ignorar proezas y desgracias deportivas del resto de las naciones durante las próximas semanas y con la mirada puesta en Rusia, donde se disputará la Copa dentro de cuatro años.

El domingo, el pub de la esquina de mi casa ya había descolgado de su fachada la guirnalda decorativa con la cruz de San Jorge. Y en los supermercados y bazares, el poster de Gerard, Wilshere y Welbeck con miradas desafiantes había sido confinado al rincón de las ofertas, junto a las banderas rojiblancas que antes salían dos libras y ahora se consiguen con 75% de rebaja.

Las señales están claras: la fiesta mundialista por aquí ya pasó. Pasó y se fue.

Sin prisa pero sin pausa, el Mundial también ha ido cediendo espacio en los medios. Nuestro editor jefe en BBC Mundo, Hernando Álvarez, considera que eso es una buena cosa: que la cobertura noticiosa de un Mundial se vuelve más interesante cuando el país desde donde se lo mira ya no tiene sus propios intereses en juego.

Wayne Rooney

Con la selección inglesa a punto de regresar desde Río, ya no habrá más horas de radio y TV dedicadas a especular sobre cómo sera la alineación del técnico Roy Hodgson. Se acabará el enlace en vivo con la conferencia de prensa de rigor, que quiebra dos máximas del buen oficio: por lo general no aporta ningún dato fuera de libreto y lo que se consigue es lo mismo que tienen todos los periodistas de la competencia. Los reporteros que hacen guardia a las afueras del campo militar que ha sido sede de entrenamiento de los ingleses en su paso por Brasil ya no deberán buscar sus fuentes para tener la primicia de si Rooney está aceitado y podría anotar o si Lampard vislumbra alguna chance de entrar como titular.

En síntesis, ahora será posible ir más allá de la agenda impuesta. Contar lo importante, lo que realmente vale la pena, dedicarse al fútbol de los que mejor juegan y no de los que por compromiso toca porque son "de los nuestros". Cubrir menos, pero cubrir mejor.

Yo, sin embargo, no estoy tan convencida de que sea así. Creo que cuando un seleccionado se queda a mitad camino, el Mundial se va borrando de la realidad, del interés de los consumidores de noticias, de las portadas y homepages. Desaparece del imaginario colectivo, de la charla cotidiana. De la calle y del pub y de la sobremesa.

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Entusiasmar al lector se vuelve cuesta arriba: ¿qué me importa ver cómo triunfan las selecciones ajenas si la nuestra ya no tiene chance?, se preguntará más de un inglés. La audiencia que queda es en buena medida la de los fanáticos y especialistas: los que siempre ven fútbol, juegue quien juegue.

Y desaparece el "feel-good factor", como lo llama el economista Howard Archer, directivo de la consultora de medios IHS: ese optimismo un poco patriotero que es motor de la economía (en Inglaterra se esperaba un negocio de unos US$77 millones sólo en consumo adicional en los bares, que ahora ha quedado trunco) pero que, creo yo, muchas veces sirve también de impulso para la tarea periodística.

En otras palabras: el Mundial se borra de la realidad, cuando es esa realidad la que nutre de materia prima la labor del reportero. Más de una gran idea de nota ha surgido de una charla con amigos en el bar, de una conversación "robada" en un autobús, de un cartel o un corto publicitario, del intercambio con un taxista, de una historia que nos contaron por casualidad. De los tuits que leemos, de ese meme que circula, del fotomontaje hilarante que cuelga un amigo en Facebook.

Así, si hablamos de fútbol y periodismo -y al menos por las próximas semanas-, Inglaterra se ha vuelto para mí un país bastante más aburrido del viernes a esta parte.

Entiéndanme: nunca quiero que ganen los blancos. Como argentina, no olvido que nuestra salida anticipada del Mundial de 2002 se la debemos en parte a David Beckham, por citar sólo un ejemplo de una rivalidad futbolística histórica. Pero vivir en un país donde ya no hay fiesta vuelve menos emocionantes las horas y horas de TV que aún nos quedan por delante a quienes seguimos el Mundial (y, creo, a quienes intentan cubrirlo para consumo local).

Por suerte, el dilema de si el periodismo es mejor o peor con la selección afuera le resultará ajeno a varios de los participantes latinoamericanos: del desempeño notable de Costa Rica y Colombia a la garra de Uruguay y Chile, todavía queda Mundial por delante. Y el interés que ustedes han demostrado en el material de Brasil 2014 que les hemos ido entregando hace que estemos sin descanso en la búsqueda de más y más historias.

Por suerte también para los que viven en Inglaterra, este lunes empezó Wimbledon: en mi barrio, las pantallas gigantes que se habían instalado para pasar el Mundial al aire libre transmiten ahora tenis en continuado.

Wimbledon