Nadal y el miedo del rival

  • 9 junio 2014
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Rafael Nadal

Novak Djokovic, uno de los grandes tenistas de esta y cualquier época, supo en el tercer set (así lo creemos) de la final de Roland Garros que no podría impedir que Rafael Nadal se llevase el noveno trofeo de su torneo preferido.

A los 28 años (cumplidos la semana pasada), Nadal ha ganado 14 títulos de Grand Slam, los mismos que Pete Sampras y solo 3 menos que Roger Federer.

¿Ya dijimos que tiene 9, nueve, neuve, nine, nove trofeos de Roland Garros?

Los psicólogos deportivos saben que el miedo, una de las sensaciones más poderosas que experimenta el ser humano, puede ser canalizado hacia el triunfo o el fracaso: en un instante crucial el miedo te decide a pelear o a huir.

Rafael Nadal

Todos experimentamos miedo, pero en algunos les sirve de acicate, mientras que otros bajan los brazos y se preparan para correr.

Esta elección, entre pelear y huir, es una de las más antiguas en la evolución humana, tan valiosa para la supervivencia como el instinto de procreación.

Fisiológicamente, el miedo se manifiesta con un aumento del nivel de adrenalina, palpitaciones, transpiración más intensa. Al poco tiempo, el individuo que experimenta miedo reaccionará en el plano emotivo, según su personalidad, las circunstancias, el conocimiento de su reserva de fuerzas...

Miradas diferentes

Rafael Nadal reacciona invariablemente redoblando sus esfuerzos y lanzando miradas fulminantes al insolente adversario, mientras que este, en la mayoría de los casos, se resigna mentalmente al inevitable y fatal desenlace.

Djokovic

¿No vieron alarma en las miradas de Djokovic cuando Nadal cerró con un 7-5 el segundo set, tras perder el primero 3-6? ¿Y no era amarga resignación lo que mostraban sus ojos en varias ocasiones en el tercero y el cuarto set?

Nadal es un formidable adversario no solo por sus dotes extravagantes, sino porque "te odia" si quieres ganarle, y su "odio" lo libera en vez de maniatarlo.

Todos los deportistas de alto rendimiento saben cómo canalizar la ansiedad en reacciones positivas, pero algunos simplemente rinden más y mejor en situaciones de estrés, mientras que otros necesitan más tiempo para avenirse.

Andy Murray

Andy Murray

Entre los tenistas de primera categoría el escocés Andy Murray es uno de los más vulnerables a la ansiedad y la inseguridad: en realidad, se trata de miedo, palabra que solemos evitar porque se equipara (erróneamente) con cobardía.

Recordemos: el miedo es el estímulo que nos decide a pelear o a huir.

Murray acaba de contratar como entrenadora a la francesa Amélie Mauresmo, ganadora en 2006 de los Abiertos de Australia y Wimbledon, que hizo maravillas con Marion Bartoli, ganadora de Wimbledon 2013 sin perder un set.

Además de su reconocida calidad, Murray es notorio por su irregularidad y su dificultad para motivarse, que suele ser una consecuencia de temores y fobias.

Lendl, el motivador

Andy Murray
Murray junto a Lendl.

A los 27 años, ha tenido seis entrenadores en los últimos nueve años: Mark Petchey (2005-6), Brad Gilbert (2006-7), Miles Maclagan (2007-10), Alex Corretja (2010-11), Ivan Lendl (2011-14) y ahora Mauresmo.

El gran motivador, en la carrera de Murray, fue obviamente Ivan Lendl, una figura paternal, prestigiosa, que lo guió en sus grandes triunfos: Abiertos de Wimbledon (2013) y Estados Unidos (2012) y medalla de oro olímpica (2012).

La fuerte interacción entre atleta y preparador quedó de manifiesto cuando Murray explicó la ruptura en términos que provocaron una sonrisa, porque comparó la relación con una unión sentimental: "en los primeros meses quería impresionar a mi novia más que ahora y lo mismo ocurrió con Ivan".

¿Cuál puede ser la razón por la que un atleta de 27 años tiene problemas para motivarse, sabiendo que está en deuda con su público y consigo mismo?

Es obvio que a Murray le cuesta controlar la ansiedad, su temor de no estar a la altura del esfuerzo para vencer, por ejemplo, a Rafael Nadal en París.

El escocés llegó este año por primera vez a semis en Roland Garros, jugando bien y creyéndose recuperado de una operación en la espalda… hasta que Nadal se cruzó en su camino y lo apabulló en sets corridos: 6-3, 6-2, 6-1.

Amélie al rescate

Mauresmo

Las primeras palabras de Murray, después del partido, fueron para su primera maestra de tenis y compañía en el circuito: "Mamá, ahora quiero irme a casa".

Es llamativo hasta qué punto las figuras paternas/maternas tienen influencia, mala o buena, en las carreras de tenistas de primera fila: allí están los conocidos casos de André Agassi, las hermanas Williams, el propio Murray…

Amélie Mauresmo no es una figura maternal (sólo tiene 34 años) pero será la encargada de confortar al escocés, como antes hizo con Bartoli (cuyo técnico, antes de una muy fugaz experiencia con Jana Novotna, había sido su padre).

Y no olvidemos que el técnico de Nadal es su tío, Toni Nadal.

Rafael Nadal no tiene necesidad de cambiar de técnico, justamente porque no tiene problemas en controlar su ansiedad y reciclar su motivación… o puede controlar su ansiedad y motivación porque no debe cambiar de técnico.

Eso se llama equilibrio emocional, una gran virtud en el carácter de un campeón.

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