Los ganadores de Lisboa

  • 26 mayo 2014
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Sergio Ramos
Cristiano Ronaldo

Sergio Ramos, Ángel Di María, Marcelo Vieira y Florentino Pérez fueron los grandes vencedores de la final de Champions League en Lisboa.

La gloria y el orgullo, mi comentario del partido

Sobre Ramos nadie tiene dudas. El poderoso central, que en Munich encarriló la victoria en semis ante el Bayern, volvió a lucir los galones de caudillo en el Estádio da Luz y la afición madridista ya reconoce como suya a La Décima.

Otros habituales ganadores no tuvieron una buena noche. Iker Casillas regaló un gol y Cristiano Ronaldo fue un virtual invitado hasta que Gabi le hizo una zancadilla y él pudo expresarse lanzando el penal y luciendo sus músculos.

Di María fue elegido por la UEFA como el mejor jugador de la final, aunque algunos le criticaron por no haberse conectado más con Modric y Marcelo.

¿Y Carlo Ancelotti? ¿Acaso el italiano, que ha ganado cinco copas europeas, dos como jugador y tres como técnico, no se cuenta entre los ganadores? Eso dependerá de cómo se resuelva la tensión entre él y la directiva.

Carlo Ancelotti

Diego Torres, de El País, con excelentes fuentes en el club, dice hoy que hasta el minuto 93 (cuando Ramos empató el partido) Ancelotti "estaba despedido".

Agrega que al presidente y sus colaboradores inmediatos no les gustó la alineación inicial ni "la incapacidad de gobernar el partido por parte de un Madrid al que han inyectado 700 millones de euros en fichajes desde 2009".

Este blog no es la lectura preferida de Florentino Pérez (una vez lo imaginamos vapuleado por el espectro de Santiago Bernabéu), pero acaso al presidente del Real Madrid le interese saber que lo consideramos uno de los vencedores.

La obtención de La Décima debería permitirle gestionar sin los sofocones que lo han caracterizado.

Florentino Pérez

Su relación con un técnico que le ha dado el trofeo que justifica su estilo de gestión debería normalizarse ahora, a pesar de la percibida falta de confianza que Ancelotti muestra por Isco e Illarramendi, dos adquisiciones recientes.

Es posible que sus consejeros le persuadan de que el italiano es el técnico ideal (en público Pérez ha insistido en que un pirómano como José Mourinho era el más adecuado), capaz de conciliar las necesidades futbolísticas, las quejas y pedidos de un vestuario donde el más pobre tiene ínfulas de millonario, y las presiones de los émulos de Ozymandias que pueblan el directorio del club.

El club tendrá a un cuerpo técnico estabilizado; a un plantel que sólo necesitaría un relevo viable para Xabi Alonso y, tal vez, un goleador (¿Luis Suárez?) más efectivo que Benzema, cuyo carácter plácido pone a prueba la paciencia del presidente, su principal valedor.

En cualquier caso, ya no se escucharán tanto las denuncias de despilfarro en contrataciones "de mercado", sin justificación deportiva, como la de Gareth Bale, autor del segundo gol ante el Atlético, que decidió la victoria.

La Décima debería servir de tónico y de tranquilizante al mismo tiempo.

Cristian Bale

La impresión, desde fuera del club, es que el éxito fortalecerá a Ancelotti, aunque los escépticos dirán que esto no garantiza la seguridad laboral en el Real Madrid: después de todo el club echó a Jupp Heynckes, que ganó la Champions de 1998, poniendo fin a una sequía de 32 años; y en el 2003, después de ganar la Liga (y otra liga en 2001, y dos Champions en 2000 y 2002), echó a Vicente del Bosque, que desentonaba con el glamour de David Beckham.

Pero a Heynckes lo echó el presidente Lorenzo Sanz, predecesor de Pérez, mientras que Del Bosque, ahora marqués del reino, en 2003 era un señor vulgar, de bigotes gruesos, que no hablaba inglés.

Ancelotti es más refinado y presentable; tiene modales, habla por lo menos cuatro idiomas (italiano, inglés, castellano, francés; si lo apuran hasta dirá algo en alemán), escucha a los faraones de despachos y encuentra soluciones dentro y fuera del campo de juego.

Caramba, si el Ozymandias original (Ramsés II) lo nombraría Gran Visir.

Falcao

Al menos en teoría, el Real Madrid, pacificado por el tacto de Ancelotti y encarrilado deportivamente con el éxito de Lisboa, tiene por delante una nueva era de hegemonía comparable a la gesta que sueñan sus presidentes desde el gran Bernabéu.

Cabe suponer que el Barcelona encara una ardua y prolongada tarea de reconstrucción, mientras que el plantel del Atlético de Madrid es vulnerable ante depredadores capaces de aprovecharse de las tramoyas en la misteriosa red financiera que sostiene al club.

La venta de Radamel Falcao al AS Monaco, con una afición minúscula y un dueño millonario, el ruso Dmitry Rybolovlev, es un ejemplo de lo que puede ocurrir: el colombiano tenía estatura para aspirar a uno de los grandes clubes.

Con los clubes italianos empobrecidos, los alemanes limitados por la organización de su Bundesliga y el Manchester United atravesando una honda crisis, los únicos rivales del Real Madrid en el plano de la pujanza económica y el éxito deportivo podrían ser el Manchester City y el Paris Saint Germain.

Y ambos clubes, propiedad de cresos árabes, están bajo la lupa de la UEFA, que quiere hacer respetar (ya veremos hasta qué punto) sus normas de "juego limpio financiero".

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