El albatros de Moyes

  • 31 marzo 2014
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Pancarta en favor de David Moyes

El Elegido (The Chosen One) o El Equivocado (The Wrong One), dos personas diferentes pero el mismo entrenador de fútbol: David Moyes, escocés de Glasgow como Alex Ferguson, El Elector.

El Elegido estuvo en Old Trafford el sábado 29, y su Man United ganó 4-1 al Aston Villa: gran regocijo rojo; El Equivocado se sentó en el mismo banquillo el martes 25, y el Manchester City ganó cómodamente el derbi 3-0, con gran rechinar de dientes en la mitad roja de Manchester.

Moyes fue elegido por Sir Alex Ferguson, su antecesor.
Moyes fue elegido por Sir Alex Ferguson, su antecesor.

Ese mismo martes estaban avanzados los planes para que un avión sobrevolara el estadio arrastrando un mensaje de repudio: "El Equivocado - ¡Moyes fuera!"

Era la respuesta de un grupo de hinchas a la pancarta que otros hinchas, con el ukase del club, tienen colgada en el estadio: The Chosen One, aludiendo con mayor o menor sentido del humor al apodo del detestado José Mourinho, El Especial, The Special One, cuyos méritos fueron descartados por Ferguson y el influyente Bobby Charlton, al parecer porque no eran decorosos.

Sin efecto

El avión pasó con su cartel a remolque el sábado, pero no hubo escándalo porque la orgullosa hinchada de los Diablos Rojos, lejos de festejar la consigna revolucionaria, prefirió aplaudir al Equivocado, todavía el Elegido para ellos... ¿por cuanto tiempo?

Este martes 1 de abril, Día de los Inocentes en el mundo anglosajón, el United recibirá al Bayern Munich y todos nos estamos relamiendo, porque el espectáculo, de cualquier signo, será para alquilar balcones.

El Bayern de Pep ha perdido concentración: tras ganar la Bundesliga con un siglo de anticipación, sólo empató el sábado 3-3 ante el Hoffenheim, interrumpiendo una racha ganadora de 19 partidos.

Bayern tuvo un pequeño tropiezo en la Bundesliga que hace ilusionar a los aficionados en Manchester.
Bayern tuvo un pequeño tropiezo en la Bundesliga que hace ilusionar a los aficionados en Manchester.

Si Moyes y sus hombres sobreviven la jornada, muchos no lo creerán al otro día, por eso de las bromas que suelen hacer los periodistas, del tipo "dinosaurio pisotea las flores en Hyde Park".

Sea como fuere, la suerte de David Moyes está cifrada parcialmente en un juego de apodos populares, algo que también se nos ocurre cómico.

En la nueva realidad de plástico, de relaciones públicas, de highlights, de controles remotos y montaje rápido, el destino de un hombre puede decidirse por la confluencia de dos eslóganes publicitarios.

Evidencia en contra

Es injusto, claro, pero la aparente arbitrariedad de este desenlace se corresponde con la supuesta arbitrariedad del nombramiento del Elegido: él mismo ha contado que un día, de compras con su esposa, recibió un llamado telefónico: "Ven a casa". Una vez allí Ferguson, el Elector, le sirvió un té y le comunicó su futuro: "Tú entrenarás al United".

En otras palabras: fue ungido con óleo sagrado por una autoridad superior e inapelable.

Este relato, perfecto en caso de una transición exitosa, se ha convertido con las derrotas en una evidencia en contra de Moyes, porque sugiere que los dirigentes del Manchester United abdicaron de su responsabilidad y dejaron la delicada tarea de elegir al nuevo entrenador exclusivamente en manos del técnico saliente... y ya se sabe que estas cosas no se hacen así, al menos ahora.

Un antecedente

La sucesión de un gran hombre es de las más difíciles, entre otras cosas porque el prócer no quiere herederos que puedan hacer sombra en su legado histórico. ¿Imaginan a Mou recomendando a Pep o a uno como Pep cuando le llegue la hora del retiro?

El mensaje fue claro
Hay un sector de la afición que no está interesado en esperar y exige cambios.

En Manchester deberían saberlo. El gran Matt Busby, también escocés, se retiró en 1969 pero siguió en el club como director (igual que ya saben quién) y su sucesor, aprobado también por él, Wilf McGuinness, sufrió tanto o más que Moyes, hasta que lo despidieron en diciembre de 1970.

La mueca de dolor que le vemos a Moyes debe ser una réplica de la que habrá cortado el rostro de McGuinness, condenado al destino de quienes desafían a los dioses.

Los estudiantes de inglés suelen desconcertarse ante una misteriosa locución vernácula, "un albatros colgado del cuello", que denota sufrimiento y penitencia de una persona.

Albatros en el cuello

Es una imagen tomada de un extenso poema de Samuel Taylor Coleridge, The Rime of the Ancient Mariner: un marino mata a un albatros, símbolo de buena fortuna, y la desgracia cae sobre su barco; como castigo, debe cargar con el enorme pájaro alrededor de su cuello por toda la eternidad... O hasta que sea redimido.

Esto entra en la noble línea de los suplicios clásicos: de Sisifo, de Tantalo, de Tupac Amaru, y ahora de Moyes.

Nos parece evidente, o por lo menos demostrable, que el destino ha colgado un albatros del cuello de Moyes, por haber usurpado el lugar del amuleto, del Gran Viejo de Manchester.

Esas cosas se pagan: los héroes no acostumbran a tener descendencia, aunque Bob Paisley fue un exitoso sucesor de su mentor Bill Shankly en el gran Liverpool entre 1974 y 1983. (Tanto Paisley como McGuinness, a diferencia de Moyes, eran "técnicos de la casa".)

Posible redención

Bill Shankly
Bill Shankly transformó Liverpool y dejó su herencia en manos de Bob Paisley.

Coleridge no dice en su poema ni una palabra sobre Pep o el Bayern, pero en el fútbol pueden pasar estas cosas: un técnico o un futbolista con el albatros alrededor del cuello tiene su oportunidad para redimirse, como la tuvo el marino, la aprovecha y de allí la gloria está a un paso.

Todos conocemos alguna historia de éstas. Sea como fuere, la hinchada del Man Utd sigue apoyando al marino, aunque los propietarios, o sea los dioses, todavía no han dicho ni mu.

Dicen por allí que el avión volverá con su mensaje sedicioso, pero no creemos que vuele este martes en Old Trafford: durante un partido con un equipo alemán eso sería alta traición.

Si hay redención... bueno, lo sabremos de inmediato, porque...

"En ese momento pude rezar/ Y desde mi cuello tan libre/ El albatros cayó, y se hundió/ Como plomo en el mar."

*Traducción del poema de Karina Maccio

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