La percha del Liverpool

  • 17 marzo 2014
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Steven Gerrard y Luis Suárez
Steven Gerrard y Luis Suárez, las dos columnas en las que se está construyendo el Liverpool.

"Mi mayor desafío fue derribar al Liverpool de su jodida percha", Alex Ferguson.

El Manchester United 0-3 Liverpool del domingo es algo más que un resultado deportivo, decisivo tal vez para las respectivas campañas de esta temporada.

(El partido fue un repaso: Steven Gerrard convirtió dos penales y falló otro, mientras que Luis Suárez marcó el tercer gol. La diferencia debió ser mayor.)

Más allá del resultado, este partido representa, en la imaginación del aficionado, uno de esos nítidos reajustes de destinos que tanto llaman la atención cuando se trata de rivales tradicionales.

La impresión general de aficionados y comentaristas ingleses es que en Old Trafford se vio a una gran institución recuperando su grandeza (perdida según algunos, extraviada según otros) y a otra gran institución dilapidando la suya.

Contraste

El Liverpool se mueve por estos días con una soltura y una confianza en sí mismo, una arrogancia casi, que no se le veía desde… bueno, desde los '80.

Ronnie Rosenthal, Ian Rush, Ronnie Whelan, Alan Hansen y John Barnes
El último título de liga de LIverpool fue en 1990, antes que naciera la Premier League.

(El club ganó el último de sus 18 títulos de primera división en 1989/90.)

El Man United, a su vez, da una impresión de marcado desconcierto, casi de espanto, como no se veía desde… bueno, desde, desde los '80.

(Entre 1967 y 1993 el club atravesó una prolongada sequía, sin ningún título de primera división… y hasta una incursión en la segunda, en 1974-75.)

El contraste también es significativo porque las trayectorias anteriores, también diametralmente opuestas, representaban en opinión de muchos la modernización del fútbol inglés, en un proceso que favorecía al más rico.

Los aficionados no conciben a su equipo sin su enemigo: los hinchas de Boca o del Barcelona se aburrirían si no existieran River o el Real Madrid.

Lo mismo entre el Liverpool y el Man United: dominantes en sus respectivos derbis locales ante el Everton y el City, se convirtieron en enemigos mortales porque representaban la rivalidad, más profunda, entre ciudades vecinas.

Yin y yang

Alex Ferguson
Ferguson cumplió su cometido y convirtió al Manchester United en el más laureado del fútbol inglés... y se retiró.

Son el yin y el yang de la tradición china, las fuerzas opuestas que en realidad son complementarias, porque forman parte del mismo sistema dinámico.

Los dos rivales tienen propietarios estadounidenses, profesionales muy duchos en la gestión de instituciones deportivas, pero que han conducido en forma muy diferente la renovación de sus respectivos equipos técnicos.

La familia Glazer, propietaria del Manchester United (y en Estados Unidos del Tampa Bay Buccaneers), cometió un doble error: dejó que Alex Ferguson eligiera a su reemplazante y, mucho peor, permitió que el experimentado director ejecutivo David Gill se retirara junto con Ferguson, dejando el timón en manos de Ed Woodward, muy hábil en el plano comercial y financiero, pero bisoño a la hora de negociar con agentes y clubes de fútbol.

Tom Werner, de Fenway Sports Group, propietario del Liverpool (y en Estados Unidos del Boston Red Sox, nada menos), fue más astuto (o afortunado) y eligió con mucho cuidado al reemplazante de Kenny Dalglish, cuyo retorno al club al que tanto contribuyó como jugador y DT no había sido afortunado.

Suertes diferentes

Brendan Rodgers ha tenido tiempo, desde el 1 de junio de 2012, para trabajar y desarrollar sus planes sin demasiadas presiones, un lujo del que no ha podido disfrutar David Moyes esta terrible temporada, la peor de su carrera.

Comentaristas ingleses han destacado la diferencia entre Rodgers y Moyes en la gestión de dos jugadores cruciales para sus respectivos equipos: Luis Suárez y Robin van Persie.

Rodgers, que habla español e italiano (algo raro en un DT británico), tomó la decisión de armar el nuevo equipo alrededor de Luis Suárez y al mismo tiempo deshacerse (perdiendo mucho dinero) de Andy Carroll, un centro delantero grandote que había defraudado desde su llegada de Newcastle.

Luis Suárez
Suárez anotó su gol número 25 en la Premier, y suma 11 asistencias.

El cambió rindió frutos de inmediato: Suárez , que bajo Dalglish había marcado 17 goles en 40 partidos, bajo Rodgers hizo 30 goles en la primera campaña y en esta ha alcanzado su mejor momento profesional, favorecido además (y esto también es un mérito de Rodgers) por su sociedad con Daniel Sturridge.

Los apuros de Moyes

Moyes, en cambio, comprometió desde el principio su relación con Wayne Rooney y al mismo tiempo no ofreció a Robin Van Persie las mismas garantías que el holandés había recibido de Alex Ferguson y de su compatriota René Meulensteen, ayudante del escocés, a quien Moyes no retuvo.

La reconciliación con Rooney no se debe tanto a las garantías que haya dado Moyes, sino a la novedosa forma ideada por Woodward para satisfacer sin mucho gasto las pretensiones económicas del jugador y de su agente.

Al parecer, en vez de pagarle más salario, la diferencia se cubrirá con oportunidades comerciales que las agencias del club negociarán para él en Asia y Estados Unidos, mercados que el agente de Rooney no conoce.

Es evidente, en todo caso, que la maquinaria del Man United sigue sin engranar, como esos equipos de F1 que todavía no han asimilado los cambios introducidos por el nuevo reglamento.

Una pesadilla…

David Moyes
Moyes reconoció que sabía que el trabajo iba a ser difícil, pero no tanto.

La diferencia de rendimiento en Old Trafford fue abismal. Rooney dijo que había sido "una pesadilla". Una más, en todo caso: el equipo sólo ha ganado ocho de los últimos 18 partidos en casa, tras una racha de 12 victorias consecutivas.

La derrota del Chelsea 0-1 ante el Aston Villa deja al equipo de Rodgers a cuatro puntos, con un partido menos.

…y una percha

La transformación inspirada por Rodgers y ejecutada en el campo principalmente por Suárez es una de las más notables del panorama internacional, junto con la del Atlético de Madrid: en un año y medio han dejado de ser equipos resignados, sparrings de los grandes, para convertirse en "contenders", en posibles campeones.

A cruzar los dedos, todos, porque el Liverpool es una gloria del fútbol y un título, el primero en la Premier League, debería ser un motivo de regocijo general.

Menos en Manchester, por supuesto, donde Alex Ferguson había jurado poner fin de una vez por todas al rival más temido y odiado.

Ahora el Liverpool ha trepado nuevamente a su percha… o eso creen muchos.

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