La pescadilla se muerde la cola

  • 20 febrero 2014
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Cartel
El 70 % de los cubanos no habían nacido cuando EE.UU. promulgó el Embargo Económico contra su país.

Una encuesta bipartidista en Estados Unidos provocó un sacudón al entramado político de Washington, revelando que la mayoría de los estadounidenses están a favor de cambiar la política hacia Cuba, poniendo fin al Embargo Económico que pesa sobre la isla desde hace medio siglo.

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El 56% de los estadounidenses y el 62% de los hispanos apoyan el fin de la hostilidad. Sin embargo, lo verdaderamente sorprendente y paradójico es que la cifra crece al 63%, entre los cubanoamericanos, quienes en el pasado fueron el principal sostén del bloqueo.

El pueblo ha hablado… pero el gobierno también y donde manda capitán no manda marinero. Una vocero del Departamento de Estado, que no reveló su identidad dice que de todas formas seguirán con el Embargo porque es "un importante recurso para espolear más cambios positivos en la isla".

Esta vez la postura de la Casa Blanca recoge menos simpatías mediáticas, si exceptuamos a la prensa anticastrista de Miami y a The Washington Post que, en respuesta al sondeo de opinión, publica un editorial apoyando la estrategia del "garrote y la zanahoria".

The New York Times en cambio, aseguró que las encuestas muestran el fracaso de la política de aislamiento emprendida contra La Habana. Mientras Los Ángeles Times afirma que no reconocer "el progreso de Cuba refuerza las dudas sobre la voluntad de EE.UU. para jugar limpio en la región".

The Huffington Post, el blog de noticias más leído, enumera 7 razones para levantar el Embargo: el mundo lo odia, es ineficaz, caro, antidemocrático, Cuba no es una amenaza, daña a la gente común y está tan desfasado en el tiempo que "sobrevivió a 11 presidentes de EE.UU., sin ningún éxito. Denle un descanso".

Un razonamiento similar hace Paul Cejas -cubanoamericano embajador de EE.UU. en tiempos de Clinton-, quien aseguró que "si se establece una política para conseguir ciertos objetivos, (y) después de un tiempo esos objetivos no se consiguen, hay que cambiar las políticas o los objetivos".

Turistas estadounidenses
Según las encuestas, los turistas estadounidenses que visitan Cuba regresan <br>pensando que hay que normalizar las relaciones bilaterales.

Pero tampoco dio el resultado esperado la estrategia de Clinton del "Contacto pueblo a pueblo". En teoría los estadounidenses que viajan a Cuba debían ser portadores de ideas democráticas para diseminarlas entre los cubanos, animándolos así a que luchen contra el gobierno comunista.

En realidad otra encuesta estadounidense demostró que los viajeros gringos en vez de contaminar regresan contaminados. No vuelven convertidos al comunismo pero quedan encantados con los cubanos, del trato que reciben y sobre todo retornan muy pero que muy anti embargo.

Podría tratarse de la lógica reacción de quien descubre la realidad de la isla después de haber leído la prensa de Miami y oído los discursos de los políticos cubanoamericanos. Seguramente, al conocer Cuba, muchos turistas concluyen en que el tigre no era tan fiero como se lo pintaron.

Hasta el exgobernador de Florida Charlies Crist, antiguo defensor de la mano dura, se da cuenta de que "si en 50 años nuestra política no ha cambiado, no hay que pensar mucho. Vamos a cambiar la política. No queremos dejar que China sea una influencia en Cuba cuando Cuba está aquí al lado".

Y pide además que Washington elimine las restricciones que impiden a los estadounidenses invertir porque "en la isla hace falta mucha construcción y el sur de la Florida jugaría un importante papel en ello y realmente se crearían infinidad de empleos".

Entre los propios radicales del exilio las cosas van cambiando. La visita a Cuba del empresario Carlos Saladrigas fue seguida de la del magnate azucarero cubanoamericano, Alfonso Fanjul, quien expresó su intención de invertir en la isla tan pronto EE.UU. se los permita.

Estas "deserciones" sacudieron a lo más radical del anticastrismo, que recibió siempre apoyo financiero y político del sector económicamente más exitoso de la emigración, la mayor parte de los cuales habían dejado muchas de sus riquezas expropiadas en Cuba.

Diplomático estadounidense
Las relaciones de los diplomáticos estadounidenses con los disidentes cubanos <br>en la isla y Miami incluyen la entrega de US$17,5 millones anuales para <br>financiar sus actividades políticas.

Esto podría explicar los choques que se están produciendo entre los congresistas de La Florida y el más influyente grupo del exilio, la Fundación Nacional Cubano Americana (FNCA). Debaten por quien recibe los US$17,5 millones que envía Washington para la disidencia cada ano.

El congresista Mario Lincoln Diaz Balart, de origen cubano, logró marginar del reparto a la Agencia para el Desarrollo Internacional (USAID), afectando así a la Fundación, cuyo director Pepe Hernández dijo que con eso Mario "le está haciendo un favor enorme al gobierno castrista".

La propia FNCA denunció en el pasado que el 80% de los fondos desaparecen en Miami. Una auditoría del Congreso descubrió facturas de abrigos de cuero o chocolates y un dirigente del exilio terminó preso por quedarse con US$500 mil destinados a comprar radios para los opositores cubanos.

En tanto, otros exiliados empiezan a soñar su peor pesadilla, que la muerte de los máximos líderes no acarree el fin de la revolución cubana. Ya el periodista y activista Pedro Corzo, exiliado en Miami, pronostica con amargura que el "castrismo sobrevivirá a los Castro".