Dulces sueños

  • 6 febrero 2014
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Macheteros cubanos
Para intentar recuperar la industria azucarera Cuba se asocia con una empresa brasileña para que le administre un central.

La noticia de que los brasileños están administrando el central azucarero "5 de septiembre", en la provincia de Cienfuegos, parece estar removiendo muchos sentimientos e intereses entre los cubanos de uno y otro lado del estrecho de Florida.

Tras las nacionalizaciones de los años 60, es la primera vez que una empresa extranjera administra una de estas fábricas de azúcar, industria que, durante gran parte de la historia de Cuba, fue la locomotora de la economía y hoy se ha convertido en su vagón de cola.

A pesar de que la propiedad seguirá siendo cubana, el asunto dentro de isla incomoda a quienes ven los cambios como amenazas ideológicas y alertan constantemente del peligro de una vuelta a un pasado que, según ellos, implicaría perder la soberanía nacional.

Les sobraron oportunidades de hacer las cosas mejor pero a pesar de eso debe ser muy frustrante para los directivos agrícolas cubanos que exista "una cláusula en el contrato que entrega a los extranjeros autonomía de gestión e impide interferencias en la administración".

Central azucarero
La mitad de los centrales azucareros cubanos fueron cerrados, el resto están tecnológicamente atrasados y son incapaces de alcanzar los mínimos históricos.

Los brasileños pueden triplicar la producción del "5 de septiembre" gracias a una inversión de US$120 millones, a la modernización tecnológica y a que los nuevos directivos se saltarán todas las trabas de una burocracia que mantiene maniatada al resto de la agricultura.

Los dirigentes cubanos del sector llevan décadas prometiendo mejorar los resultados de las zafras y repitiendo de forma mecánica autocriticas por la improvisación, la desorganización, la ineficiencia y la indisciplina, sin que al siguiente año aumente la cosecha.

El fracaso del modelo agrario estalinista fue evidente. En los años 70, Fidel Castro le recomienda al líder del Partido Comunista francés, George Marchais, que nunca nacionalice el campo porque si lo hace desaparecerán sus quesos, sus vinos y el foigrass. (*)

Protegiendo el "patio trasero"

En el exterior también se ponen nerviosos los que un día fueron los dueños de los centrales y de casi toda Cuba. Repiten orgullosos que ellos producían millones de toneladas de azúcar sin necesidad de recurrir a administraciones extranjeras.

El magnate azucarero cubanoamericano, Alfonso Fanjul, olvidó su anticastrismo y se apresuró a visitar Cuba para tantear las posibilidades de hacer negocios. La prensa estadounidense dice que quieren evitar que los brasileños se cuelen en el "patio trasero" de su familia.

Es verdad que antes de 1959 la industria azucarera fue muy productiva pero solo endulzó la vida de algunos cubanos. "Los trabajadores agrícolas vivían en condiciones infrahumanas, así cualquiera es eficiente", me dice un economista y me recomienda ver una encuesta de 1957.

Según la Juventud Católica Universitaria, más del 40% del campesinado cubano era analfabeto, el 99% residía en bohíos de guano, tablas y piso de tierra, más del 90% carecía de agua y electricidad, el 80% ni siquiera contaban con un baño y solo el 8% tenía acceso a la Salud Pública.

A pesar de aquel pasado, Fanjul dijo a The Washington Post: "¿Tengo debilidad por Cuba? Pues claro, es mi país". Sin embargo, no se deja dominar por la ternura y pone condiciones, "sobre todo que la inversión tenga rentabilidad y que tenga garantizada su seguridad".

Libro "Esclavos en el Paraíso"
Los magnates cubanoamericanos producen hoy azúcar en República Dominicana, país en el que abundan denuncias sobre cómo se alcanza la eficiencia

Hace un tiempo el canciller cubano, Bruno Rodríguez dijo en EE.UU.: "yo no sé a cuántos (emigrados) cubanos ustedes conocen que podrían invertir en Cuba 200, 300, 500, 1.000 millones de dólares, que es la inversión que demanda Cuba". Parece que ya apareció el primero.

Pero no resultará fácil convencer a los campesinos de que acepten regresar al viejo sistema de producción, el mismo que hoy padecen los macheteros en República Dominicana, donde se han trasladado algunos de estos magnates azucareros cubanos.

La agricultura en Cuba es una asignatura pendiente y las respuestas difícilmente se hallarán en las disparatadas "resoluciones y circulares" de una agroburocracia que sería capaz de arruinar la ganadería en la Argentina y la producción de quesos en Francia.

Sin embargo, tampoco se resolverá regresando a un pasado en el que la industria azucarera cosechaba eficiencia sembrando miseria.

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(*) Sacado del libro "100 horas con Fidel", de Ignacio Ramonet.