Por qué los periodistas debemos ser más arquitectos

  • 29 octubre 2013
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Niños gitanos en Rumania
La intensificación de los prejuicios hacia los gitanos en Europa, un tema sobre el que había que informar más allá del caso de la niña conocida como el "Ángel Rubio".

Quienes me conocen saben de mi pasión por la arquitectura, y no me preocupo por ocultarla. Menos aún en mi carácter de periodista.

Hace un tiempo bromeaba con un amigo arquitecto sobre la posibilidad de intercambiar profesiones por un tiempo.

Yo le decía: el periodismo suele caer en lo efímero, me gustaría que tuviera la permanencia de un edificio como los que tú proyectas; cuando te mueras, esas construcciones seguirán ahí, con tu firma.

Y él me respondía con una visión romántica de la labor periodística: sí, puede ser, pero tu trabajo seguramente es menos monótono y más aventurero que el mío.

En fin, por mi lado podría decir que aspiro a que mi profesión se parezca cada vez más a la arquitectura, es decir, que tenga bases sólidas, más permanentes; que sea un recinto útil para la vida de los ciudadanos.

¿Y cómo se puede lograr eso? ¿Cómo tratamos de hacerlo en BBC Mundo?

Pues nuestra apuesta puede resumirse en unos pocos conceptos: por una parte, seguimiento de la noticia y de su impacto humano más allá de lo obvio y circunstancial y, por la otra, contexto y análisis.

No me voy a detener mucho en este último aspecto del que bastante se ha hablado. Sólo voy a decir que la explicación de lo que sucede (cómo un hecho se sitúa en el panorama general) y la consideración de lo que significa para un país, una sociedad o una persona (tanto en el pasado como en el presente y en el futuro) son columnas que vuelven más sólido el edificio periodístico.

En BBC Mundo creemos, por ejemplo, que no está mal volver a esclarecer de cuándo en cuándo lo que sucede en Siria y en otros conflictos internacionales en curso, en forma de simples preguntas y respuestas. El trasfondo no siempre es obvio por más que una crisis sea conocida desde hace rato.

Pero quiero volver al primer concepto –el del seguimiento de la noticia y de su impacto humano-, que en mi opinión merece más consideración.

Es importante señalar que, como periodistas, no debemos olvidarnos de que muchos de los hechos sobre los que reportamos forman parte de procesos que en determinado momento, por algún cambio o incidente, llaman la atención y se convierten en noticia.

Sin embargo, es nuestro deber no sólo informar sobre ese instante en particular, sino además seguir con atención lo que puede haber más allá. Porque muchas veces un evento puntual tiene consecuencias para la sociedad y las personas que van más allá de la ocasión del "estallido".

Museo de Arte Contemporáneo en Niterói
La solidez del concreto en una de las obras del arquitecto brasileño Oscar Niemeyer: el Museo de Arte Contemporáneo de Niterói.

Así, por ejemplo, publicamos un reportaje sobre el "Ángel Rubio" y los prejuicios que amenazan a los gitanos. No había en ese momento ningún cambio destacable en la historia de la niña en sí, pero sí una intensificación de la discriminación a ese grupo étnico como consecuencia del caso.

Y semanas después del trágico naufragio de un barco con africanos cerca de la isla de Lampedusa, en Italia, examinamos las peligrosas rutas de migración a Europa, un problema que se había agravado más allá de que no hubiera otra desgracia incidental.

También puede ocurrir que un proceso o una tendencia no tengan ese punto de quiebre que lo vuelven "reportable". Pero en este caso no debemos confundirnos, porque igual puede haber algo para informar.

Ejemplos de ello son nuestros artículos sobre la gran cantidad de escritores en Islandia (uno de cada diez habitantes) o sobre la creciente comunidad de latinos musulmanes en EE.UU. O bien nuestro especial " 100 mujeres: la mitad del mundo toma la palabra", dedicado a los problemas, logros y desafíos del género más postergado.

Pienso que si, en nuestro papel de periodistas, le prestamos mayor atención a las consecuencias más permanentes de las noticias o a las tendencias, nuestro trabajo se vuelve menos efímero y más profundo.

Todo esto exige más observación y trabajo de nuestra parte, claro. Pero créanme que vale la pena que los periodistas aspiremos a parecernos, aunque más no sea un poquito, a gente como Antoni Gaudí, Oscar Niemeyer o Richard Rogers.

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