Dos décadas después

  • 12 septiembre 2013
  • comentarios
Salón de clases cubano (Foto: Raquel Pérez)
Las aulas están despintadas, los pupitres viejos y en las pizarras cuesta escribir pero todos los niños cubanos sin excepción van a la escuela. (Foto: Raquel Pérez)

No dejo de maravillarme cada año cuando se anuncia el comienzo del curso escolar y confirmo que ningún niño cubano se quedará fuera de las aulas, ni siquiera los que viven lejos, los más pobres o aquellos necesitados de una enseñanza especial.

En nuestro continente es un milagro. Pienso en mi país, Uruguay, y a mi mente vienen los chicos recogedores de basura que rara vez visten la túnica de primaria o los que no pueden levantarse temprano por andar pidiendo las sobras de los restaurantes en la madrugada.

Quienes miran la vida desde países desarrollados tal vez no puedan comprenderlo, pero la inmensa mayoría de los seres humanos vivimos en un mundo que le niega a 57 millones (1) de niños pobres, desamparados o minusválidos el derecho a una escuela.

La educación en Cuba arrastra muchos problemas, los salarios son bajos y la deserción de maestros alta, quienes los reemplazan tienen poca preparación y las escuelas se fueron deteriorando mientras se dilapidaban los recursos en proyectos irrealizables.

El mayor obstáculo, sin duda, son los salarios de los docentes, un tema con graves repercusiones, desde la venta de exámenes hasta el abandono de las aulas de miles de maestros, incentivado ahora por las posibilidades de trabajar por cuenta propia.

Estudiantes cubanos (Foto: Raquel Pérez)
Más de 50 mil niños minusválidos como Miguel Ángel, estudian en escuelas especiales con docentes preparados para ayudarlos a sacar lo mejor de sí. (Foto: Raquel Pérez)

Muy poco han mejorado sus ingresos a pesar de que el gobierno ya reconoce que los maestros emergentes –"instantáneos" los llama los cubanos burlonamente- no tienen la debida preparación y los jubilados que se reintegraron no serán eternos.

Pero hay que reconocer que el sistema educacional cubano intenta hoy aterrizar en la realidad de país pobre, obligado a armonizar planes con posibilidades y recursos, como única vía para hacer sostenible uno de sus logros sociales más importante y costoso.

Para empezar a ahorrar abrieron preuniversitarios en las ciudades, cerrando los obligatorios que había en el campo, donde decenas de miles de jóvenes estudiaban, dormían, desayunaban, almorzaban, cenaban y tenían atención médica permanente.

Mis dos hijos estudiaron allí y guardan buenos recuerdos de aquellos días, pero lo cierto es que para otros estudiantes fue un calvario y sobre todo para sus padres, quienes tenían que hacer magia para reforzarles la dieta e inventarse un transporte para visitarlos.

Ahora la "beca" comienza a utilizarse cuando es económicamente racional, me cuentan que algunas escuelas rurales sin suficientes alumnos fueron cerradas y los niños concentrados en otras más grandes, donde pasan toda la semana y los viernes retornan a sus casas.

También intentan vincular la enseñanza superior a la economía, algo que se resume en dejar de formar filólogos o periodistas para que trabajen luego como camareros, mientras el país necesita agrónomos, médicos, carpinteros, albañiles o maestros.

Durante los últimos años se redujo el número de plazas en la universidad, a la par se aumentó la formación de técnicos medios y se crearon las escuelas de oficios para tratar recuperar la mano de obra calificada que el país había perdido casi por completo.

Estudiantes de ballet (Foto: Raquel Pérez)
A pesar de la crisis económica, en todo el país siguen funcionando academias de ballet completamente gratuitas donde los jóvenes talentos se inician. (Foto: Raquel Pérez)

Este año la formación de ciencias médicas en todas sus ramas concentra a 85 mil alumnos, lo cual puede parecer exagerado pero lo cierto es que la medicina es hoy el principal ingreso económico de Cuba y todo indica que en el futuro tendrá aún más importancia.

20 mil médicos y 30 mil trabajadores de la salud en el extranjero ingresan más dólares que el turismo y las remesas familiares juntos. Es un sector que paga sobradamente lo que se gasta en su formación y produce lo suficiente para tener mejores salarios.

Hoy el mayor reto de la educación es ser económicamente sostenible sin dejar de ser universal y gratuita, es decir sin cerrarle la puerta a ningún niño, sea este un huérfano, un síndrome de Down, el hijo de un campesino, de un albañil o de un delincuente.

Y lo van logrando, este año estudiarán dos millones de cubanos, siguen abiertas las escuelas de arte y las que atienden a los huérfanos, 800 niños van a la academia de ballet y decenas de miles con minusvalías físicas o mentales reciben una educación especializada, donde aprenden a vivir explotando al máximo sus capacidades.

Sin duda la educación ha perdido calidad desde la crisis económica de los 90 pero lo que es un hecho incuestionable es que este septiembre -23 años después de la desaparición de la URSS- todos los cubanos que quisieron estudiar encontraron un aula y un educador.