Shock cultural en el fútbol

  • 26 agosto 2013
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Gareth Bale

Gareth Bale podrá o no ser del Real Madrid cuando usted lea esto, pero los aspectos culturales del tránsito de un futbolista británico entre su país y España pueden resultar más interesantes que los futbolísticos o los comerciales.

Lo cierto es que los futbolistas británicos no son muy buenos viajeros. Muy pocas veces su rendimiento en el extranjero ha estado a la altura de su trabajo en las ligas caseras.

Esto es de lo más raro, porque hasta hace poco se decía lo mismo de los profesionales españoles... y ya los vemos por los campos de media Europa, más de 300 de ellos.

David Beckham
David Beckham al llegar al Real Madrid, acompañado de Alfredo Di Stefano.

La experiencia reciente de jugadores británicos en el Real Madrid ofrece los antecedentes contrapuestos de David Beckham y Michael Owen.

Beckham tuvo un rendimiento regular en lo deportivo y excepcional en lo financiero, mientras que Owen fue un "fracaso" en todo sentido. Lo cierto es que no se adaptó, que no aprendió la lengua y vivió en hotel durante casi toda su estancia en Madrid,

Bale es galés, como Ian Rush, uno de los héroes del Liverpool, quien supuestamente explicó su retorno más o menos ignominioso de la Juventus de Turín con el irrefutable argumento de que Italia le daba la impresión de ser "otro país".

Esta anécdota ridiculiza a Rush en forma bastante gratuita. Es posible que no se haya computado la sonrisa sardónica con que contaba la anécdota. A fin de cuentas, una tradición británica es el humor que deja en posición desairada al narrador.

Cabe recordar que otro galés viajero fue John Charles, el gran goleador de la Juve entre 1957 y 1962, referencia obligada en cualquier relato histórico italiano.

Pero es cierto que ciertas nacionalidades, como algunos tomates, "no viajan bien".

Los psicólogos deportivos hablan de "shock cultural", la dificultad en interiorizar las diferencias que detectamos en otras culturas, en el proceso de asimilación.

Es sabido que cuando Pep Guardiola propuso a Neymar Jr como el refuerzo que convertiría al Bayern Munich en una arrolladora combinación de empuje, habilidad y eficacia, sus interlocutores alemanes lo disuadieron mostrándole una larga lista de jugadores brasileños talentosos recién llegados que habían fracasado en Europa.

"El shock cultural es demasiado fuerte", le dijo el presidente Uli Hoeness.

Y como Guardiola insistía en la importancia de respetar el talento del prodigio brasileño, Hoeness abrió una ventana y le mostró el espectáculo de una gris y helada Munich:

"¿Te imaginas a Neymar allí afuera, buscando un lugar para bailar? Tendríamos que importar toda una escuela de samba para entretenerlo entre partidos".

Guardiola pensó en Ronaldinho, se lo imaginó en un vestuario con Schweinsteiger y decidió que le convenía cambiar de conversación. A los pocos días sugirió a Thiago Alcántara, también de sangre brasileña, pero con la seriedad de un europeo nativo.

Por supuesto que hay brasileños y brasileños. El Bayern tiene dos, Dante y Rafinha, y suponemos que están satisfechos con ellos.

Hoeness se refería a brasileños jóvenes que deben adaptarse a las exigencias profesionales de máximo nivel en ámbitos culturalmente muy diferentes al suyo.

Y los clubes del nivel de Bayern Munich exigen máximo compromiso y rendimiento desde el principio.

Detrás de esto está el recuerdo del "derecho de piso" que grandes jugadores brasileños del Barcelona, por ejemplo, han pagado en otros clubes europeos, entre ellos Ronaldo, Rivaldo y Ronaldinho.

Neymar
El Barcelona se preocupa por el bienestar "cultural" de Neymar.

Sobre esto hay mucha fantasía, ya que muchos grandes clubes europeos prefieren comprar jugadores ya probados y fogueados en ligas como la portuguesa o la holandesa.

Traer directamente de América Latina a una joven promesa puede resultar oneroso.

Cabe señalar que por contrato el Barcelona paga los pasajes y la estadía de cierto número de amigos de Neymar, para garantizar en lo posible su bienestar "cultural".

Los dirigentes del Bayern no están predispuestos en contra de los futbolistas brasileños en general, pero tienen datos estadísticos del proceso de adaptación cultural y deportiva de futbolistas de diferentes nacionalidades en diferentes mercados europeos.

Saben por ejemplo, que los futbolistas escandinavos y holandeses tienen una gran facilidad para adaptarse en otros países, un poco por responsabilidad profesional y también por una innata facilidad para comunicarse y convivir con otros pueblos.

Este rasgo de personalidad se refleja en la facilidad para aprender idiomas. Un holandés (o un sueco) llega a España, o a Francia, Italia, Portugal, y al poco tiempo ya esta hablando la lengua y sirviendo de intérprete para otros extranjeros.

Gareth Bale
Bale es ordenado... y abstemio, incluso más importante.

Holandeses y escandinavos de todas las clases sociales hablan bastante bien el inglés (muchos de ellos con mejor dominio gramatical y un vocabulario más extenso que el inglés de la calle) y eso los hace poliglotas naturales: comprenden el mecanismo de los idiomas, sus diferencias, y especialmente la ventaja de hablar otras lenguas.

Sobre los ingleses, los británicos en general, se puede decir que no son poliglotas naturales. El hecho de que su idioma nacional sea la lingua franca del comercio, las comunicaciones y el turismo los ha vuelto perezosos y no estudian otros idiomas con la intensidad con que millones de jóvenes de otras nacionalidades estudian inglés.

La ventaja de Bale sobre otros jóvenes deportistas que buscan fortuna en el extranjero es que tiene una vida familiar ordenada: está casado con su primera novia y tiene una hija.

Y algo muy importante en este negocio: es abstemio y no le gusta salir de noche.

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