Los nuevos desafíos del libro electrónico

  • 17 julio 2013
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Libro electrónico

Hace un par de años debatíamos las ventajas y desventajas de los libros electrónicos a raíz de mis primeros seis meses experimentando con este formato.

Desde entonces dicho debate ha sido superado. Hoy los libros en bits complementan a los libros en átomos. Además expanden su presencia cada vez en más países.

Pero su renovada presencia presenta una serie de retos que no hay que ignorar.

Uno de ellos es la falta de memoria, histórica no electrónica.

Con los libros de papel la humanidad puede construir un archivo infinito, lleno de diferentes ediciones que ayudan a entender por qué un texto cambió a lo largo del tiempo.

Dichas ediciones se van almacenando en bibliotecas y están ahí para que quien quiera pueda consultarlas cuando quiera.

Libro abierto
Para algunos, no hay nada como leer en papel.

Libros provocativos o que representan ideologías ampliamente rechazadas (como "Mi Lucha" de Adolf Hitler) no fueron quemados; fueron declarados ilegales en algunos países, pero su presencia permanece en bibliotecas para quien desee entender el fenómeno detrás de las letras.

Pero con los libros electrónicos la memoria es más flexible.

Quema digital

Los grupos de defensa de las libertades civiles llaman "quema de libros digitales" al acto de alterar, censurar, borrar o restringir el acceso a textos electrónicos.

La censura quizá no haya ocurrido aún, pero ya hay ejemplos de situaciones en las que distribuidores de libros o editoriales han borrado o alterado un libro electrónico. El más famoso es el de 1984, un libro que Amazon borró de miles de Kindles después de descubrir que la editorial que lo vendió no tenía los derechos del texto.

Más ejemplos pueden encontrarse en esta interesante columna de la revista tecnológica Wired.

Libro abierto

De hecho el autor de dicha columna -profesor de leyes en Harvard-, propone que cada que se venda un libro electrónico se deposite una copia en bibliotecas públicas. De esta manera un ejemplar de cada edición quedaría disponible para la memoria histórica.

El otro gran desafío es la propiedad de los libros electrónicos. Su precio no es muy diferente de su contraparte en papel, pero lo que se puede hacer con ellos es muy diferente.

Al terminar de leer un libro en papel podemos prestarlo, regalarlo o venderlo. Si nos gustó mucho puede pasar a adornar nuestros libreros para que otros miembros de la familia pueden leerlo cuando quieran y en donde quieran.

Con el libro electrónico nada de esto es posible. Sólo algunos libros permiten el préstamo entre lectores y usualmente no se pueden prestar por más de dos semanas, así que hay un periodo específico de tiempo para terminarlos.

No se pueden regalar una vez que los hemos dejado de leer y menos venderlos. Quedan para siempre almacenados en nuestro dispositivo de lectura o en la nube para nuestro consumo personal.

Por eso es que mucha gente opina que cuando se adquiere un libro electrónico en Amazon, en realidad se está rentando. No importa cuánto hayamos pagado, el distribuidor (Amazon, Apple, Google, etc.) sigue dictando las reglas de lo que podemos hacer o no con estos materiales.

De segunda mano

Recientemente tanto Amazon como Apple solicitaron el registro de patentes tecnológicas que les permitiría implementar un sistema por medio del cual sus usuarios puedan vender libros electrónicos usados a cambio de una comisión para el distribuidor.

Si bien es una solución, confirma el hecho de que aún después de vender los libros las empresas siguen ostentando parte de su propiedad.

Aplicación de Kindle para iPhone

Y por supuesto está el eterno debate sobre el DRM (Digital Rights Management o Manejo de Derechos Digitales) que se impone a cada texto en bits para evitar que pueda ser copiado y distribuido libremente. La industria argumenta que sin él la piratería de libros sería gigante. Los usuarios creen que gracias al DRM no son dueños de los libros que compran.

Yo disfruto mucho los libros electrónicos porque puedo tenerlos en segundos, llevarlos a donde quiera y sincronizarlos en múltiples dispositivos. Pero los desafíos que aún representan para los lectores, los autores y la industria son aún demasiado grandes.

Esperemos que, por el bien de la lectura, se resuelvan pronto.

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