A calzón quitado

  • 11 julio 2013
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Cubanos
Raúl Castro pidió a los cubanos combatir lo que llamó la "indisciplina social". (Foto: Raquel Pérez)

La aproximación entre el discurso y la realidad es uno de los procesos más importantes que se gestan en la política cubana actual. Y las palabras del Presidente Raúl Castro en la última reunión del parlamento fue una descarnada expresión de este cambio.

Empezó afirmando que sus criticas servirían a la prensa internacional para denigrar a Cuba pero a renglón seguido descalificó la mentalidad que limita la difusión de los problemas económicos, políticos y sociales para no dar armas al enemigo.

Llamó a "debatir con toda crudeza la realidad" porque "el primer paso para superar un problema de manera efectiva es reconocer su existencia en toda la dimensión y hurgar en las causas y condiciones que han propiciado este fenómeno".

Reconozco que me sorprendió que criticara públicamente tal cantidad y variedad de problemas nacionales. Medio en broma y medio en serio, un buen amigo y asiduo lector de "Cartas desde Cuba" me dijo: "te ha dejado sin temas para tu blog".

En realidad no creo que Raúl Castro deje sin tareas a la prensa nacional o extranjera, por el contrario su diagnóstico invita a profundizar en la gravedad de algunas de las enfermedades que padece la sociedad cubana y sus posibles tratamientos.

¿Cuántas investigaciones periodísticas o sociales se podrían realizar sobre "el acrecentado deterioro de valores morales y cívicos , como la honestidad, la decencia, la vergüenza, el decoro, la honradez y la sensibilidad ante los problemas de los demás"?.

No creo que algunos de estos males estén más desarrollados que en otras sociedades sino que aún se puede estar a tiempo de revertir sus efectos. Cuba se ha "modernizado" lentamente y, para bien o para mal, aún vive a la antigua usanza en muchos aspectos.

Hasta el pasado año se vendían automóviles y casas sin firmar papeles, el apoyo a la familia es parte de la cultura nacional, cualquier vecino "te tira un salve" cuando la comida no llega a fin de mes y la lealtad entre amigos aun vale más que los bussines.

Pero lo cierto es que muchas de esas características del cubano se empezaron a perder durante la crisis económica, un proceso que podría acelerarse con la inevitable legalización del "mercado" y algunas de las toxinas sociales que este naturalmente activa.

Realmente no sé si es posible ganar una pelea contra los demonios que despierta la modernización. El Presidente propone una estrategia a largo plazo, pensando la educación de las nuevas generaciones en base a la cultura que se persigue construir.

"Tengo la amarga sensación de que somos una sociedad cada vez más instruida, pero no necesariamente más culta". Este reconocimiento ofrece un punto de partida para dejar de alabar los logros de la educación y repensarla como instrumento cultural.

Poco quedó en el tintero de Raúl Castro, habló de los bajos salarios, la dualidad monetaria, el robo generalizado en las empresas, de la corrupción de los funcionarios, del fraude en la educación, del vandalismo, las construcciones ilegales y de la falta de normas de convivencia.

Y fue al fondo cuando responsabilizó de parte de ese caos al "irrespeto, en primer lugar, por las entidades estatales de la institucionalidad vigente, lo cual menoscaba su capacidad y autoridad para exigir a la población que se atenga a las regulaciones existentes".

Raúl Castro

Sin duda hay que empezar a poner la casa en orden por arriba porque socialmente el ejemplo de un dirigente enriqueciéndose a costa de sobornos contamina más que 1000 trabajadores "resolviendo" lo básico para alargar el salario y llegar a fin de mes.

Son los gerentes ladrones quienes abastecen fundamentalmente al mercado negro y la mayor parte de las ilegalidades se realizan con la bendición de funcionarios que a cambio de moneda dura autorizarían a hacer "barbacoas" hasta en el mismísimo Capitolio.

El Presidente cuestionó que "esto sucede ante nuestras narices, sin concitar la repulsa y el enfrentamiento ciudadanos", pero lo cierto es que la gente no tiene o no conoce cuales son los mecanismos institucionales que le permitirían defender sus derechos y las leyes.

No existe una defensoría de los derechos ciudadanos ni del consumidor, pocos conocen qué hacer cuando un inspector exige un soborno, donde presentar una queja contra un policía o a quien acudir cuando el director de su empresa desvía recursos.

Algunos de los viejos mecanismos están desactualizados, oxidados o viciados. Si se pretende que la población participe "en un movimiento permanente", ayudaría armarla de instituciones capaces de recibir, tramitar y dar respuesta legal a la acción ciudadana.

Pero más allá de los retos, hablar descarnadamente sobre las crisis que enfrenta la sociedad ayudará al cubano a comprender un discurso político que empieza a parecerse a su propia vida, a su cotidianidad, a su entorno y a los problemas que sufre.