Diez años del papi del Chelsea

  • 1 julio 2013
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Roman Abramovich

Hace ya 10 años que Roman Abramovich es el propietario y benefactor del Chelsea Football Club. El multimillonario ruso ha invertido centenares de millones y muchos creen que ha sido un derroche, pero también ha logrado éxitos que otros ricachones del mundo del fútbol persiguen en vano.

La suya ha sido una de las grandes aventuras de la empresa deportiva moderna. No del deporte, claro, pero la distinción no escapa a nadie.

En estos diez años, el Chelsea ha ganado una vez la Champions League (2012), tres veces el título de la Premier League Inglesa (2005/06/10), cuatro veces la Copa de la Asociación (FA), dos veces la Copa de la Liga, dos veces la Supercopa y una vez la Europa League.

Es un logro formidable para un club que, si bien orgulloso, hasta la llegada de su nuevo propietario no estaba considerado entre los principales de Inglaterra.

La etapa más satisfactoria para los aficionados fue la que encabezó José Mourinho como director técnico, entre junio de 2004 y setiembre de 2007: en esos tres años ganó seis trofeos y el equipo nunca fue derrotado como local.

Bronca y Ferrari

Mourinho y Abramovich
Mourinho y Abramovich. (Foto de archivo, 2004)

Según una versión a la que muchos dan crédito, el técnico portugués, irritado por las interferencias en su trabajo, se encontró casualmente con Abramovich en un pasillo y la conversación terminó con un "bueno, despídeme si quieres".

Que la marcha de Mourinho se debió a un enfado estaría confirmada por otra versión: que Abramovich le regaló luego una Ferrari como muestra de aprecio.

Ahora, tras pasar por Inter de Milán y Real Madrid, Mourinho está de nuevo en el Chelsea FC. Ninguno de los sucesores conformó al exigente propietario: Avram Grant, Luiz Felipe Scolari, Ray Wilkins, Guus Hiddink, Carlo Ancelotti, André Villas-Boas, Roberto Di Matteo y Rafael Benítez.

La personalidad de Roman Abramovich sigue siendo muy discutida y no sólo por su falta de paciencia ("manoseo" dicen algunos) con técnicos de reconocida trayectoria: también se tiene la impresión de que su compromiso con el club es exclusivamente personal. El "yo, mi, mío" de los poderosos.

Como un ser humano

La gente del fútbol cree que un club (por lo menos el propio) es una de las organizaciones sociales más representativas de la comunidad, con virtudes y defectos semejantes, generosidad, humor, capacidad de asombro, crueldad. A fin de cuentas, sus partidarios están unidos por la pasión y no el interés, dicen.

Es por esto que muchos clubes establecidos hasta pretenden tener virtudes humanas: los "valores" representativos de la sociedad que los nutre.

No es de extrañar el alboroto cuando un ruso con bolsillos profundos compró el Chelsea FC e hizo saber que estaba dispuesto a invertir todo lo que fuera necesario para convertir al club en uno de los más poderosos del mundo.

El negociador que representaba a Ken Bates, el propietario anterior, dijo que Abramovich no había regateado: "en 20 minutos nos pusimos de acuerdo".

Una nueva era

Abramovich

No fue un acuerdo instantáneo: en julio de 2003 adquirió una participación de 29,5% y en las semanas siguientes compró gradualmente el resto de las acciones, hasta completar en agosto la operación en unos £140 millones, a los que se debe agregar otros £80 millones de la deuda del club, que asumió.

Comenzaba una nueva era en el fútbol internacional, la del "sugar daddy" ("papito dulce"), tan rico que no necesita un retorno financiero inmediato.

En la tradición romántica de la era del swing y de Hollywood, sugar daddy era el hombre mayor, rico, que sostenía a la chica bella y sin recursos.

Recordemos que la canción de Cole Porter que en 1938 inmortalizó al sugar daddy pertenecía a Leave It to Me!, una comedia ambientada en Rusia: la chica la canta en una estación de ferrocarril en Siberia… hogar de Abramovich.(*)

Formas de propiedad

Tradicionalmente, la propiedad de los clubes de fútbol tiende a ser de la masa social (Real Madrid, Barcelona, los clubes alemanes) o de empresarios que se han criado en el amor a los colores, como Massimo Moratti (Inter Milán), u otros que combinan la satisfacción personal con la protección de su capital.

Hasta Silvio Berlusconi (AC Milan) ha terminado cuidando el dinero, con o sin el Juego Limpio Financiero de la UEFA, que (supuestamente) castigará a quienes no lleven una contabilidad responsable, con equilibrio entre entradas y salidas.

Jeque Mansour bin Zayed Al Nahyan
Jeque Mansour bin Zayed Al Nahyan, dueño del Manchester City, ¿Otro "papito dulce"?

En los últimos años también han surgido propietarios cuya principal motivación es el desarrollo de sus intereses comerciales y financieros, como los estadounidenses que han comprado el Manchester United (Malcolm Glazer y familia) y el Liverpool (Fenway Sports Group, de John W. Henry.)

Cabe preguntarse si en la categoría de "sugar daddy" figuran los dueños del Manchester City (jeque Mansour bin Zayed Al Nahyan, de Abu Dhabi), el París Saint-Germain (Fondo de Inversiones de Qatar) y el Anzhi Makhachkala (Suleyman Kerimov, de Daguestán, Federación Rusa).

No, porque existen importantes diferencias de matices. Los propietarios del Man City y del PSG acompañan los objetivos estratégicos de sus respectivos países, que aspiran a consolidar su influencia política a través del deporte.

Kerimov ya está más en la vena de Abramovich, aunque cabe destacar que tiene antecedentes deportivos y como benefactor de atletas jóvenes. También es un importante directivo de la Federación Rusa de Lucha Libre.

Un adelantado

Sea como fuere, Abramovich fue un adelantado cuando muy pocos millonarios veían al fútbol profesional como una oportunidad comercial muy rentable.

Y ahora dos hombres exitosos, el portugués y el ruso, se disputan el afecto de la chica: los aficionados favorecen al apuesto entrenador que los hizo felices, pero el club, y el dinero, pertenecen a daddy, da, da, da.

(*)También la cantó Marilyn Monroe en Let’s Make Love (1960):

"Though I'm in love<br>I'm not above<br>A date with a duke or a caddie<br>It's just a pose<br>'cause my baby knows<br>That my heart belongs to daddy…"

Aun(que) enamorada<br>no me disgusta<br>Salir con un duque o un caddie<br>Es (solo) una pose,<br>mi baby sabe<br>Que mi corazón pertenece a daddy…