Entre los ideales y la realidad

  • 24 junio 2013
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Pele

En Brasil están muy enojados con Pelé, porque trató de aplacar la indignación popular recordando a los manifestantes que "el equipo brasileño es nuestro país y nuestra sangre; olvidemos toda esta conmoción y estas protestas".

Pelé no es un oráculo ni es Víctor Hugo, claro. Las ideas románticas no son su fuerte, especialmente cuando se trata de una noción en perpetua evolución.

Lo que ocurre en Brasil, tanto en las calles como en los estadios, es un nuevo choque entre dos fuerzas que mueven casi todas las actividades humanas.

El papa Francisco, que visitará Brasil el mes que viene, exhortó a los jóvenes el fin de semana a rebelarse contra los principios defectuosos: "Giovani, andate controcorrente senza paura quando ti vogliono rubare la speranza"

Pobreza, belleza

Niño juega fútbol
Los niños en las favelas pueden jugar al fútbol sin canchas ni zapatos.

Pelé, que es más joven que el papa, no puede entender por qué el pueblo, o buena parte de él, estaba con el fútbol cuando el fútbol era pobre y ahora deja de estarlo cuando el fútbol es rico.

Tal vez por eso precisamente. O mejor dicho, porque el fútbol ha dejado de reflejar el ideal por el que quiere vivir el pueblo: ya no representa la belleza, la elegancia, la habilidad, las virtudes esenciales en la época de Pelé.

El sábado, Brasil venció 4-2 a su vieja enemiga, Italia. Una Italia, según apunta José Sámano en El País, "rebajada por las sanciones y la enfermería, que sucumbió con la vista al frente ante un adversario que gana más de lo que pone en juego".

Brasil desteñido

Y ofrece un diagnóstico del fútbol brasileño que muchos compartimos:

Aficionado brasileño

"Hace tiempo que Brasil se destiñó, que perdió el rasgo diferenciador que le encumbró en el fútbol. Apenas hay migas de aquella selección que llegó a ser la apoteosis del juego. Hoy, hasta en Brasil está bajo sospecha la creatividad".

La defensa de Scolari es simple: ha ganado todos los partidos en esta Copa Confederaciones, su crack hace jugadas para enmarcar y, como apunta Tomás Martínez, de Marcador Int., el equipo "empieza a ser un bloque cada vez más compacto, de laterales profundos, solidez en el centro" y un centrodelantero, Fred, que "más allá de jugar para los demás, comienza a marcar goles".

Pero esto no es suficiente, por la sencilla razón de que el fútbol brasileño es el ideal que la imaginación popular ha hecho suyo en muchos países.

Patrimonio común

Debería ser (lo propusimos alguna vez, más o menos en serio) Patrimonio de la Humanidad, si la UNESCO extendiera a los ideales los títulos que ahora reparte entre ciudades, montes, monumentos, lagos, bosques y cataratas.

Pero aquel fútbol brasileño, no éste.

Los brasileños del siglo XXI son los españoles. Quién lo hubiera dicho hace algunos años, cuando sus ideales eran otros.

España venció a Nigeria 3-0, un marcador que no hace justicia al equipo africano, que tuvo numerosas ocasiones.

Dice Alfredo Relaño, el director de AS: "España da buenos futbolistas gracias sobre todo a que ahora cultiva otra cosa. Hubo años en los que en las canteras salían adelante los más altos, los más fuertes. Desde hace un tiempo los que salen adelante son los más ingeniosos y los de más técnica, los que mejor juegan, sea cual sea su físico. Este país admiraba a Brasil pero cultivaba otro tipo de fútbol en sus canteras y en su equipo nacional".

La Furia Roja

El ideal del fútbol español fue, durante mucho tiempo, "la furia", la furia roja, que sugiere la imagen de un macho que agacha la cabeza y arrolla todo lo que se le ponga por delante. No es, precisamente, la impresión que daba Pelé, y tampoco la que da la nueva España de Luis Aragonés y Vicente del Bosque.

Jimmy Burns, autor de "La Roja: Un viaje por el fútbol español", escribió recientemente en la revista Newsweek que la noción de Furia Española fue "promovida por la propaganda franquista como una virtud de la Nueva España".

Torres celebra un gol

Citó un editorial de 1939 del diario falangista Arriba, según el cual la furia española estaba presente en todos los aspectos de la vida española, y que donde mejor se manifestaba era en el fútbol, un juego en el cual la "virilidad de la raza española" se podía expresar cabalmente frente a "los equipos extranjeros más técnicos pero menos agresivos".

Fin del debate

Esto de la furia española y de la raza es un debate que el pueblo español parece haber resuelto en el plano deportivo: ahora su ideal es jugar bien al fútbol, sin invocar los cojones nacionales ante los flojos equipos extranjeros.

Para los españoles, el progreso es incorporar un juego de habilidad, en el que se reconocen los brasileños y otros latinoamericanos, mientras que los brasileños adoptan un juego "más sensato y equilibrado"… que no gusta mucho a la mayoría de los admiradores del Jogo Bonito.

Otro choque entre el ideal y la realidad.