Última actualización: martes, 7 de septiembre de 2010 - 11:47 GMT

El Salvador: "Nos pedían más dinero, pero no pudimos enviar"

Un cadáver de un salvadoreño repatriado desde la masacre en Tamaulipas, México.

11 cadáveres salvadoreños encontrados en Tamaulipas han sido repatriados.

Cada una de las personas halladas muertas recientemente en el rancho de Tamaulipas, en México, tenía vidas diferentes. El principal punto de coincidencia era el deseo de huir del país de origen en busca de nuevos rumbos en algún lugar de Estados Unidos.

Tal es el caso de Josué Flores García, quien tenía 20 años y vivía a poco más de 43 kilómetros al este de San Salvador, la capital salvadoreña.

Oriundo de un poblado rural en el departamento de La Paz, Flores García decidió partir en busca de un empleo que fue imposible encontrar en su país, donde estudió Contaduría Pública y nunca la pudo ejercer.

Siendo un joven de pocos recursos, el único apoyo que tenía para el viaje era unos amigos radicados en Estados Unidos quienes que le ofrecieron recibirlo. Justamente la falta de dinero puede haber sido su perdición.

Cuando fue secuestrado por Los Zetas -el temible grupo armado del narcotráfico en México-, no tuvo quien pagara su rescate.

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La misma zona

Yeimi Castro

Yeimi Castro, una de las migrantes encontradas muerta en la granja de Tamaulipas.

La Unión, la provincia más al este del territorio del país, es una zona tipificada que refleja un fuerte flujo de personas que dejan el lugar.

De esta región eran los jóvenes Wilmer Velásquez y Yeimi Castro, cuyos cadáveres fueron hallados en Tamaulipas pero que aún no han sido repatriados.

Velásquez, de 16 años, partió de un poblado muy pobre llamado Cercos de Piedra, 169 kilómetros al noreste de la capital. Había sido criado por sus abuelos, y el 10 de agosto partió para reunirse con sus padres en Nueva York.

Los abuelos relataron a BBC Mundo que los padres de Wilmer hicieron un trato con un "coyote" (un traficante de personas) a cambio de US$7.000.

"Ellos pagaron un adelanto de US$3.000", dicen los abuelos.

El caso de Yeimi Victoria Castro, de 15 años, era distinto porque no quería dejar el caserío Las Peñitas, en Pasaquina, al este de la capital.

Su madre, también reside en Nueva York, decidió sacarla del pueblo porque supo que estaba enamorada de un chico de 26 años.

"Por evitar que el hombre le hiciera un mal, la mamá me la quitó", rememora la abuela.

La madre contrató a un traficante de personas para que la llevara a EE.UU., como lo hizo con otra hija, cuyo periplo cobró 16 días sin mayores sobresaltos.

Los inciertos

Si no hay trabajo, no queda otra que irse al carajo de aquí

Joven salvadoreño

Desde que se conoció la matanza, las solicitudes de información aumentaron en la oficina de Gestión Humanitaria de la cancillería.

Cientos de salvadoreños han desaparecido en territorio mexicano y hay poca información sobre su paradero.

Por ejemplo, en el poblado El Tablón, en Pasaquina, la madre de Francisco Antonio Blanco piensa que este joven puede ser una de las víctimas; aunque las autoridades no han incluido su nombre en el listado de víctimas de Tamaulipas.

Faustina, su progenitora, explicó que su hijo partió el mismo día que Wilmer y Yeimi, y que en una última llamada le dijo que estaba en un rancho de Tamaulipas.

La familia de Salvador Carpio, de 47 años, piensa lo mismo, pese a que él partió en mayo.

"Recibí llamadas de unos hombres que nos pedían US$1,000 para terminarlo de pasar, pero no pudimos enviar", dice su esposa. La última vez que habló con él, Carpio dijo que lo golpeaban.

El precio

los peligros que corren en la ruta hacia EE.UU. no son mucho peores que los que tienen en sus lugares de origen

Salvador Sanabria, director de Rescate

Salvador Sanabria, director ejecutivo de la organización El Rescate, indicó a BBC Mundo que los centroamericanos siguen emigrando porque "los peligros que corren en la ruta hacia EE.UU. no son mucho peores que los que tienen en sus lugares de origen".

El Instituto de Derechos Humanos de la Universidad Centroamericana (IDHUCA) dice que las violaciones, los secuestros y las desapariciones han sido siempre una realidad.

"No existen datos de cuántos se pierden en la ruta y sus familias callan", dice Gilma Pérez del IDHUCA.

"Los salvadoreños se van porque viven en un país que no ofrece oportunidades a las familias, especialmente a aquellos de los estratos más pobres", agregó Sanabria.

"Los 'coyotes' tienen toda la información y los inmigrantes se han vuelto bienes descartables", define Sanabria.

Durante el acto de repatriación de 11 cadáveres desde México, el presidente Mauricio Funes prometió trabajar porque "ya no haya más salvadoreños que tengan que irse a los EE.UU. a buscar lo que el Estado les tiene que proveer".

Pero BBC Mundo habló con un joven a punto de empezar el trayecto por cuenta propia.

"Si no hay trabajo, no queda otra que irse al carajo de aquí", sentenció.

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