Última actualización: lunes, 18 de enero de 2010 - 21:39 GMT

Eduardo Frei, el sueño de repetir que no fue

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"Hay que mantener la unidad alcanzada… El proyecto de construir un país más solidario y más inclusivo sigue vigente", expresó el candidato derrotado en la segunda vuelta de las elecciones presidenciales de Chile, Eduardo Frei Ruiz-Tagle.

Con el reconocimiento público del triunfo de su rival Sebastián Piñera, el hombre del oficialismo vio evaporarse su ambición de perpetuar a la gobernante Concertación en el Palacio de la Moneda.

Frei conoce de estos avatares: en su carrera política, el líder de los demócrata-cristianos ya ha probado el sillón presidencial, entre 1994 y 2000, y además ha sido cabeza de la Cámara Alta, ahora senador vitalicio y hasta hijo de ex presidente (su padre, Eduardo Frei Montalva, gobernó Chile en los años '60).

Político veterano, sabía que el diagnóstico de "empate técnico" que habían arrojado las encuestas preelectorales, en las que nunca figuró como favorito, podía truncar su plan sin mucho trámite, y que debía repuntar los 14 puntos de desventaja de la primera vuelta respecto de su contendiente. Acortó la brecha –a 3,2 puntos, según el escrutinio final- pero no fue suficiente.

Para los analistas en Chile, el triunfo de la conservadora Coalición por el Cambio que encabeza Piñera y que obtuvo un pase al poder hasta 2014 es, en realidad, una historia de final anunciado.

La fuerza que gobierna la república desde el regreso de la democracia en 1989, ha mostrado los signos propios del desgaste que trae el ejercicio del poder, y la candidatura de Frei no ayudó demasiado a lavarle la cara a su propuesta para un quinto mandato consecutivo, ante una ciudadanía que pide a gritos un recambio en el escenario político.

De nada valió el masivo 80% de apoyo que tiene entre la ciudadanía la figura de la presidenta Michelle Bachelet: la imagen de la mandataria sigue en alza, pero no fue legado reconocido para quien se anunciaba como su heredero. El carisma, se escucha por las calles de Santiago, en este caso lo es todo.

Presidenta popular

Eduardo Frei

El ex presidente no pudo remontar en la segunda vuelta los 14 puntos que lo distanciaron de la victoria.

"La presidenta Bachelet tiene un estilo de liderazgo poco político, más bien de jefa de Estado, por el que ha mantenido distancia con temas controvertidos que sin duda afectan la imagen de un presidente porque implican tomar posiciones que generan apoyo en unos y rechazo en otros", señala a BBC Mundo el politólogo Carlos Hunneus, del Centro de Estudios de la Realidad Contemporánea (CERC).

Para confirmar esta visión, basta mirar las encuestas: más de la mitad de quienes votaron por Piñera están de acuerdo con la forma en que Bachelet ejerce el gobierno. Lo que le da a su prestigio un tinte personal, más que político, que la coloca en las antípodas de Frei, un hombre acartonado y poco afecto a los debates, la exposición pública o las actividades que se alejen del protocolo político más clásico.

Aunque quizás eso no sea todo: los analistas consideran que no sólo hay una diferencia de estilo y personalidad, de charme o de carisma, entre Bachelet y el derrotado aspirante de la Concertación.

Hay, más bien, dos cuestiones clave para entender el fenómeno: por un lado, en países de un presidencialismo fuertemente personalista, como Chile, la carta de la popularidad no se cede ni se entrega. Y, sobre todo, no se refleja en las urnas.

Ya le había pasado a la misma Bachelet: su antecesor, Ricardo Lagos, dejó La Moneda con un altísimo nivel de popularidad, y la actual mandataria debió pelear en segunda vuelta y ganar por escaso margen.

Gracias a la crisis

Michelle Bachelet

La popularidad de Bachelet no sirvió para que la Concertación se quedara en el poder.

Pero, además, el aumento reciente de la aprobación de Bachelet se basa en un factor inédito: la crisis externa. Las decisiones para manejar la economía en tiempos del crash financiero internacional dispararon los índices de los 40% puntos que tenía a más del doble.

"Tuvo que ver con la forma en la que el gobierno encaró puntualmente la economía interna, con bonos, subsidios y otras formas de apoyo a los sectores más vulnerables, porque tenía el dinero del cobre para hacerlo", indica el analista Ascanio Cavallo, en diálogo con BBC Mundo.

Pero esta popularidad ganada ante los contratiempos externos no parece ser traspasable por la vía de la herencia partidaria.

Muchos coinciden, además, en que la Concertación no ha jugado su mejor baza al postular a Frei como opción para 2010, un nombre que representa una línea de continuidad con la "política vieja" o, cuanto menos reiterada, de la alianza en el poder.

Su figura trae recuerdos de la crisis económica que jaqueó el final de su mandato presidencial, cuando Chile venía acostumbrado a un período de bonanza y se vio sacudido por la primera recesión en dos décadas y por un desempleo galopante.

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Puertas adentro

La presidenta Bachelet tiene un estilo de liderazgo poco político, más bien de jefa de Estado, por el que ha mantenido distancia con temas controvertidos

Carlos Hunneus, politólogo del CERC

La alianza gobernante ha enfrentado también una serie de cimbronazos internos, en la "cocina" donde se digitan los futuros de esta unión de partidos y donde, en los últimos años, más de uno se ha ido dando un portazo.

Entre ellos, el joven Marco Enríquez-Ominami, un ex concertacionista disconforme que se reinventó como independiente para estas elecciones y obtuvo sólo 9 puntos menos que Frei, llevándose los votos de muchos otros descontentos como él.

Ahora, el desafío de la Concertación será el de reinventarse. Limar asperezas, encontrar nuevos rostros, redefinir estrategias, primero hacia adentro y luego de cara a su futuro como oposición.

Un rol que deberá aprender casi de cero, después de 20 años de regir los destinos de Chile desde el sillón principal.

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