Última actualización: sábado, 16 de enero de 2010 - 00:51 GMT

Un mexicano que salvó a miles del nazismo

Durante la Segunda Guerra Mundial, Gilberto Bosques era cónsul general de México en París cuando recibió una instrucción especial de su gobierno: debía auxiliar a la mayor cantidad de perseguidos por el régimen nazi de Alemania.

Gilberto Bosques

La tarea de Bosques permitió escapar de los nazis a unas 40.000 personas (Foto: Casa Refugio Citlaltépetl).

Así, durante tres años el cónsul entregó miles de visas mexicanas que permitieron escapar de Europa a judíos, españoles republicanos, polacos y franceses miembros de la resistencia. Muchos habrían muerto sin ese gesto diplomático.

Gilberto Bosques es conocido en este país como "el Schindler mexicano", un término que no es totalmente correcto, dice su hija, Laura Bosques.

"Fueron acciones distintas, él tenía la representación del gobierno mexicano y cumplía una labor de estado", explica en conversación con BBC Mundo.

Más allá de nombres, lo cierto es que la tarea del diplomático mexicano permitió escapar de la persecución nazi a unas 40.000 personas, según han documentado historiadores mexicanos.

Ayuda humanitaria

La historia de Bosques es poco conocida, incluso en México.

Se costeó el rescate de los niños, huérfanos la mayoría, que fueron recogidos en los alrededores de los campos de donde escapaban en condiciones lamentables. En invierno se recogieron niños con los pies congelados

Relato de Gilberto Bosques en sus memorias

En 1939 fue designado representante diplomático en Francia, cuando la guerra civil en España había concluido.

Cientos de españoles que apoyaban a la República huyeron de su país, y uno de los principales destinos fue Francia. Así, la instrucción del gobierno mexicano fue ayudar a estos refugiados a salir de Europa.

Pero, al estallar la guerra mundial, aumentaron los exiliados y con ello las tareas de Bosques, según documentó en sus memorias que fueron divulgadas por la cancillería mexicana.

"La asistencia para los perseguidos israelitas tomó la dimensión de un deber de carácter humano. No había tomado México una actitud franca, pero el drama estaba ahí. Nuestra ayuda consistió en la ocultación de ciertas personas, en documentar otras, darles facilidades, llevarlas a la posibilidad de una salida de Francia, que era muy difícil".

Para transportar a los exiliados, el consulado mexicano fletó varios buques, y consiguió espacio en otros.

La mayoría escapó por el puerto de Marsella, a donde se trasladó el consulado mexicano tras la ocupación de Francia.

Uno de los momentos más difíciles fue sacar del país a los combatientes de la Brigada Internacional que combatió en España.

Prisioneros de guerra

México mantuvo un estado de guerra contra los países que formaron el Eje durante la Segunda Guerra.

Si no lo hubiera hecho, no tendríamos tantas personas que trabajaron por el país y que fundaron empresas e instituciones culturales

Adriana Romero, coordinadora de la Casa Refugio Citlaltépetl

Incluso, un escuadrón de pilotos combatió en Japón, como parte de las fuerzas multinacionales que participaron en el conflicto.

Por esa razón, Gilberto Bosques, su familia y colaboradores fueron detenidos por el ejército alemán, que los trasladó a Bad Godesberg, una población cercana a Bonn. Allí permanecieron un año.

"Éramos prisioneros, no hay otra forma de decirlo. Con nosotros estaban representantes de varias legaciones diplomáticas, sobre todo de América Latina", recuerda Laura Bosques.

Al ser encarcelado, se derrumbó la red de protección a perseguidos que el cónsul había establecido en Europa.

"Se costeó el rescate de los niños, huérfanos la mayoría, que fueron recogidos en los alrededores de los campos de donde escapaban en condiciones lamentables. En invierno se recogieron niños con los pies congelados", narró Bosques en sus memorias.

Los diplomáticos mexicanos fueron canjeados en 1943 por un grupo de prisioneros alemanes capturados en Veracruz, en el oeste de México. El intercambio se hizo en Lisboa, Portugal.

Homenaje

La tarea humanitaria de Bosques no sólo ayudó a quienes escaparon de la guerra, sino que le dejó beneficios a México, aseguró Adriana Romero, coordinadora de proyectos culturales de la Casa Refugio Citlaltépetl.

"Si no lo hubiera hecho, no tendríamos tantas personas que trabajaron por el país y que fundaron empresas e instituciones culturales", dijo en conversación con BBC Mundo.

El director de la Casa, Phillipe Ollé-Laprune, estableció la cátedra Gilberto Bosques como homenaje al diplomático que falleció en 1995.

Es uno de los pocos reconocimientos que se le han hecho al cónsul. En Viena, Austria, por ejemplo, hay una calle que lleva su nombre, en el distrito 22 de la ciudad.

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