Última actualización: jueves, 10 de diciembre de 2009 - 04:48 GMT

Comprando juguetes "socialistas"

Esta semana arrancó la primera Feria Socialista de Juguetes en la capital venezolana, con el fin de que los caraqueños puedan acceder estas navidades al lote de 124.000 juguetes importados por el gobierno y adquirirlos hasta un 70% más baratos que en las tiendas convencionales.

Feria Socialista de Juguetes en Caracas

Cientos de personas esperaron la apertura de la feria.

El gobierno invirtió un total de US$1,4 millones en este lote de productos en su mayoría de fabricación China, que incluye marcas estadounidenses reconocidas como Mattel y Fisher Price.

“La feria ha sido un éxito”, dijo este miércoles el presidente de Suministros Industriales Venezolanos, Simón Daoud El Sadán, quién explicó que sólo en un día el programa ha beneficiado a unas 2.500 personas.

“Los precios bajos se consiguen en parte porque se ahorra el pago de los vendedores, ya que son funcionarios públicos los que están colaborando en la actividad”, explicó Daoud.

No obstante, anunció, debido a que “la mercancía no es suficiente la feria cerrará sus puertas una semana antes de lo previsto”, es decir, el día 15 en lugar del día 22 de diciembre como estaba previsto.

Enorme expectativa

La afluencia a esta iniciativa del gobierno venezolano ha sido masiva, dado que se ha convertido para muchos venezolanos en la única vía de acceso a juguetes de calidad cuyo precio es inasequible en muchos hogares debido a la inflación.

“Yo he faltado al trabajo para poder venir aquí ya que los juguetes en las tiendas están ya a cuatro veces su valor por las fechas de navidad”, explica Carlos Castro, quien almuerza en la cola junto a su familia.

Yo he faltado al trabajo para poder venir aquí ya que los juguetes en las tiendas están ya a cuatro veces su valor por las fechas de navidad.

Carlos Castro, comprador

“Hemos venido aquí para comprar presentes a alumnos de primer grado de mi escuela”, añade por su parte una profesora de un colegio situado en el barrio popular de Petare y a la que las autoridades dieron acceso preferencial al recinto.

“Esta feria es una gran cosa, lo único malo son las colas”, apuntó por último María una vecina del lugar en referencia a la fila de cientos de personas que casi da la vuelta al parque de los Caobos, donde se situó una de las dos ferias desplegadas en Caracas.

No obstante, los nervios de la mayoría de la gente congregada en el lugar estaban crispados. Es casi mediodía y la feria tenía que haber abierto sus puertas tres horas antes, aunque “no es la primera vez que se atrasa inició de la feria”, dice Maribel quién ya estuvo en la cola el día anterior.

“Las Barbies se agotaron”

Lo que no saben afuera es que en el interior de las carpas las compras ya empezaron.

Decenas de vendedores, funcionarios, militares, amigos y amigos de amigos se abalanzaban sobre las pilas de cajas dispersas anárquicamente sobre el suelo repletas de muñecos, camiones y demás enseres infantiles.

Barbies

Las muñecas Barbies terminaron agotándose.

“Al fin de al cabo, es una colaboración que están haciendo los funcionarios trabajando aquí”, explica Manuel, uno de los vendedores.

“Las Barbies ya se agotaron”, añade, “pero en estos momentos estamos esperando un cargamento. De todos modos, la gente lo quiere todo, se lo lleva todo porque los precios son muy solidarios”.

“Este carrito no lo dejes fuera, sepáramelo que es para mi hijo”, grita una de las vendedoras de uniforme colorado.

“Mi comandante”, dice más allá un militar en su celular, “todavía no han llegado los helicópteros, pero ya encontré bicicletitas para nena”.

Volverse loco

Una vez fuera, la impaciencia se traduce en gritos y silbidos.

Algunos intentan saltarse el protocolo trepando por muros o escurriéndose con sigilo al principio de la fila, desencadenando empujones e improperios de la cansada muchedumbre.

“No me importa aguantar si puedo comprar regalos para mis tres hijos”, dice una mujer.

“Está muy mal organizado”, se queja finalmente Luis, cocinero de profesión.

“En Venezuela todo sube sin control y por eso cuando hay estas obras de caridad todo el mundo se vuelve loco”, concluye.

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