Última actualización: jueves, 3 de septiembre de 2009 - 12:00 GMT

La muerte en 90 minutos

La Vida Loca © Christian POVEDA. Funeral de un pandillero asesinado por los rivales.

Christian Poveda sobrevivió a la guerra en El Líbano, al conflicto entre Irán e Irak y la Intifada... pero no pudo contra la violencia en El Salvador

Pocos meses antes de su asesinato, el documentalista franco español Christian Poveda habló con BBC Mundo a propósito de su documental La vida loca. Fue una de sus últimas entrevistas.

La primera vez que Christian Poveda vino a El Salvador estaba por comenzar la guerra civil.

En aquel momento ya era un fotoperiodista. En su maleta de viaje tenía la cobertura de la lucha del Frente Polisario contra la invasión en el Sahara Occidental ejecutada por los ejércitos de Marruecos y Mauritania.

Después viajó a escenarios y conflictos tan disímiles como la batalla de Zahlé en el Líbano, la guerra entre Irán e Irak, la invasión norteamericana en la isla de Grenada, el fin del régimen militar en Argentina, el décimo aniversario del golpe en Chile y así sucesivamente hasta regresar a El Salvador para registrar un fenómeno importado desde los Estados Unidos: las maras.

Yo les había planteado un año y eso les interesó porque (los pandilleros) estaban un poco hartos de periodistas que llegan, se quedan dos horas, hacen fotos buscando cosas espectaculares y se van

Poveda, hijo de padres españoles republicanos que escaparon del régimen franquista, nació en 1955 en Argelia durante la ocupación francesa.

Seis años más tarde, cuando los independentistas expulsaron a los colonizadores, su familia se refugió en París, donde creció como un chico hijo de inmigrantes, rodeado de otros como él.

Ese origen lo conectó con el país centroamericano cuando conoció el fenómeno de las pandillas juveniles, las maras salvadoreñas.

"Entro a este tema de porque he trabajado mucho en Francia el problema de la marginalidad de los inmigrantes", le había explicado Poveda a BBC Mundo poco después de terminar su documental "La vida loca".

En el límite

A lo largo de 90 minutos, el realizador muestra la vida y muerte de un proyecto de reinserción social de pandilleros que ejecutó Hommies Unidos.

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Hommies es una organización no gubernamental –integrada por pandilleros inactivos– que instaló una panadería en el barrio La Campanera, en el populoso municipio de Soyapango, al este de la periferia de San Salvador.

El vecindario es territorio de la Mara 18, una de las dos bandas de esta guerra sin cuartel.

Luego de tres años de investigación, Poveda pidió permiso a la policía para filmar las capturas, al sistema judicial para grabar los juicios y a los jefes de la 18 para entrar al barrio sin problemas.

"Yo les había planteado un año y eso les interesó porque (los pandilleros) estaban un poco hartos de periodistas que llegan, se quedan dos horas, hacen fotos buscando cosas espectaculares y se van".

La panadería

Christian Poveda.

El documentalista centro la historia de maras en una célula de la pandilla y no en un personaje.

Para contar la historia, Poveda estuvo consciente de la fragilidad de sus protagonistas y prefirió ubicar una "clica" (una célula que opera en un barrio) en lugar de individuos.

"No quería un personaje porque tenía el peligro de que me lo maten y que la filmación se termine".

Así que buscó una unidad de lugar, tiempo y personaje, de acuerdo a los fundamentos teóricos del cine, el teatro y la literatura.

"Escogí La Campanera por el proyecto de la panadería y da la casualidad que en ese momento era una de las clicas más importantes de la Mara 18".

El documental muestra sin juicios de valor, con una cruda sinceridad, el aspecto humano de aquellos que buscan reintegrarse en la sociedad a través de la elaboración y venta de pan. Pero no tienen éxito.

La policía nunca creyó en la rehabilitación y aplicó el plan "mano dura".

Sin final feliz

En el filme también caen algunos de sus protagonistas víctimas de los atentados de la pandilla rival, la Mara Salvatrucha (MS-13), o son detenidos por la policía.

Un niño de 12, 13, 14 años, que empieza integrándose en la pandilla, lo puedes recuperar. Un loco con la cara toda tatuada, que ha matado 20 personas, no

El final es elocuente porque Poveda logró registrar el ingreso de niños como nuevos miembros.

"En La Campanera, hace poco, el más viejo tiene 16 años. Cuando metieron a la cárcel a todos los adultos, entonces integraron a los niños".

"Un niño de 12, 13, 14 años, que empieza integrándose en la pandilla, lo puedes recuperar. Un loco con la cara toda tatuada, que ha matado 20 personas, no".

Hasta el momento, la obra participó en los festivales de cine de San Sebastian, Morelia, La Habana, San Luis, Helsinski y Gothenburg; en el encuentro Visa Pour L'Image en Perpignan y mereció una medalla de honor en el festival de Scoop y Periodismo en Angers, Francia.

"La vida loca" también estará en el encuentro de cine ambulante en México; sin embargo, en El Salvador, salvo por dos sesiones privadas, su exhibición todavía sigue pendiente.

"La película es muy emocional, hay momentos fortísimos, y aunque no se ve, la muerte se pasea a lo largo de todo el rodaje".

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