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Un fin de semana para alquilar balcones

Raúl Fain Binda | 2007-10-22, 15:25

Portada de BBC Deportes

Este ha sido uno de los fines de semana más locos del año.

Kimi Raikkonen campeón, Fernando Alonso feliz y Lewis Hamilton con un ataque de nervios. Los Pumas terceros en el mundial de rugby. Los cracks brasileños, que venían de cerrar una discoteca, se quedan sin jugar en Europa y pierden sus equipos, Real Madrid, Barcelona y AC Milan. David Nalbandián, que no había ganado virtualmente nada desde el Masters de Shanghai de 2005, supera a los tres primeros del ranking en tres días.

El Gran Premio de Brasil fue un broche digno de la temporada de Fórmula 1 que acaba de pasar: loco, loco, loco, con un tufillo que espanta.

En algún momento de la semana se firmó la paz, o por lo menos el cese de hostilidades, en esa casa dividida que es el equipo McLaren. De repente, el viernes, Hamilton y Alonso, de quienes creíamos que se odiaban con una intensidad de caldera al rojo vivo, se sentaron juntos ante los escribas y dijeron que se habían querido siempre, que el malentendido era cosa del periodismo pérfido, pero que sus intrigas no habían tenido éxito.

¡Y lo dijeron sin ponerse colorados!

La consagración de los Pumas ridiculiza a los dirigentes clasistas y marrulleros del rugby internacional, que siguen manteniendo a raya a las naciones que no están entre las potencias tradicionales del deporte.

El caso de los futbolistas brasileños demuestra, como señaló Marca, que su estado físico no es el problema, porque en realidad ese es su punto fuerte: ¡Si Robinho pidió 40 condones! El problema es que algunos de ellos no creen que sus clubes tengan más derechos sobre sus esfuerzos que la pista de baile.

Lo cierto es que los dos grandes españoles y el italiano no perdieron por la ausencia de algunos de sus brasileños. !Después de todo, Kaká es tan religioso que ni sueña con orgías en las discotecas de Río!

Barcelona, Real Madrid y Milan perdieron porque jugaron mal. Y a otra cosa.

Algo similar se ha dicho de Nalbandian: que le gustan demasiado las fiestas, que no ha parado de festejar desde aquella victoria de 2005 ante Federer, que le gustan las mujeres tanto como a Robinho.

En realidad, Nalbandian es un atleta que se descuida un instante y acumula grasa. Desde el principio de su carrera el problema de sus preparadores ha sido cómo convertir esa grasa en músculo. Y al parece eso es lo que ha conseguido ahora, como también lo había conseguido hace un par de años.

En esto tiene mucho que ver el trabajo conjunto de su nuevo entrenador, Martin Jaite, su nuevo preparador físico, Fernando Cao (que ha tenido mucho que ver con el buen rendimiento reciente de Fernando González y Guillermo Cañas), y Angel Ruiz Cotorro, el médico de consulta de la mayoría de los tenistas españoles y argentinos de primer nivel.

El consumo de condones no es en realidad el tema en estos asuntos. Se trata de la dedicación al propio deporte, de la concentración en la propia carrera.

Es admirable la forma en que Alonso y Hamilton se concentraron hasta el final, tras una temporada completa de desgarramientos y vicisitudes.

Todo sugiere que su repentina reconciliación, o como ellos prefieren, el desenmascaramiento de los pérfidos periodistas que inventaban historias, se debe a que los abogados de las diferentes partes llegaron a un acuerdo sobre la forma de liberar de su contrato a Alonso, para que se marche a otro equipo sin que McLaren exija una compensación.

Esto parece normal entre gente civilizada. Lo que ya resulta increíble es que en la última carrera se haya derrumbado el tinglado armado por McLaren para consagrar a su piloto preferido. Algunos periodistas españoles creen que McLaren dio a Alonso un coche más lento en Interlagos. ¿Deberán creer algunos periodistas ingleses que McLaren se comprometió a su vez a sabotear la caja de cambios del coche de Hamilton, para impedir su triunfo?

También cabe suponer que Ernie Ecclestone, el patrón de la Fórmula 1, quería el triunfo final del piloto de Ferrari, para purgar a la categoría del estigma por el escándalo de espionaje.

No, no es para tanto. Se trata de una coincidencia, queremos creer, de un truco del azar que precipitó el resultado más increíble en la historia del automovilismo deportivo, en la temporada más grotesca de todas.

O el mérito de Raikkonen y Ferrari, por qué no.

Lo cierto es que la victoria de un piloto de McLaren, este año, habría caído como una grotesca reivindicación del equipo inglés, culpable de unos de los actos antideportivos más graves en la historia (y no importa si estas prácticas son comunes en el deporte, como nos decía Jackie Stewart).

Sí, ha sido un fin de semana para alquilar balcones.

ComentariosAñada su comentario

  • 1. A las 12:55 PM del 23 Oct 2007, Lucrecia B Escribió:

    Creo que al comentario le falta aclarar que el fin de semana loco tambien afecto en especial a los ingleses, que perdieron en futbol, en rugby y en automovilismo. O no?

  • 2. A las 12:59 PM del 23 Oct 2007, Federico Santiago Escribió:

    Acabo de ver que Hamilton admitio que no habia sido un problema de la caja de cambios, sino un error suyo, por apretar el boton de "reset", con lo cual el sistema se detuvo. Despues tuvo que iniciar y alli perdio las posiciones. De cualquier modo, coincido en que ha sido una muestra de justicia natural.

  • 3. A las 10:12 AM del 24 Oct 2007, Pedro Escribió:

    La prensa británica ha sido injusta a la hora de tratar a Alonso. Ni siquiera a todos los españoles nos resulta simpático, pero es indudable que Alonso es un gran campeón. Tiene en su haber dos campeonatos del mundo (eso sí es una prueba de calidad, aunque para algún periodista inglés quizá sea una invención de la prensa española) Dos coronas más que Hamilton, que aún no ha ganado nada. Han intentado encumbrar a un simple aficionado que ni siquiera sabe cambiar de marcha, y lo que han conseguido es que en España el ridículo fracaso de Hamilton nos haya hecho casi tan felices como si Alonso hubiera conseguido el título. Las risas millones de aficionados españoles deberían resonar en los oídos de Hamilton y quienes han intentado endiosarle. Y al final, sólo ridículo y fracaso, ridículo y fracaso, ridículo y fracaso…

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