La mano de Henry, trampa e hipocresía
La "mano de Henry", el escándalo sobre su "trampa", que "dio injustamente" a Francia la clasificación para el Mundial, a expensas de sus "víctimas", los irlandeses, es uno de los casos de hipocresía más gordos de los últimos tiempos.
Los cómplices en esta hipocresía son legión.
Comenzando por el propio Henry, que lamenta lo ocurrido cuando ya no se puede hacer nada para corregirlo. Sus compatriotas, también, que lo censuran pero no le hubieran perdonado si reconocía de inmediato su falta y el gol de Gallas era anulado.
También los irlandeses, que lloran como si ellos fueran un modelo intachable de integridad deportiva. Uno de los jugadores más exaltados había cometido en ese mismo partido la misma falta que Henry, aunque con menos "éxito" en la trampa.
No hace mucho, Irlanda formó un exitoso equipo de "oriundos", con varios jugadores británicos de ascendencia irlandesa, entre ellos Tony Cascarino, cuyos ancestros resultaron ficticios: su abuela, al parecer, no le había dicho que él era adoptado.
Cascarino, ahora periodista, ha sido uno de los comentaristas más agresivos en la denuncia de Henry, a quien calificó reiteradamente de vulgar tramposo.
Sí, Henry hizo trampa, ¿pero es tramposo? ¿Un tramposo habitual?
Otro punto de vista es que Henry cumplió con su deber: como capitán, o simplemente como integrante de un equipo, su responsabilidad es con sus compañeros, antes que con un principio, la integridad, que sólo se invoca cuando su violación nos perjudica.
Suena feo, pero es la realidad, la ética de los vestuarios.



~RS~q~RS~~RS~z~RS~24~RS~)