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Qué pasa con Barça, Milan y Liverpool

Raúl Fain Binda | 2007-12-24, 13:13

Giovani Dos Santos (izq.) y Ronaldinho, del Barcelona, después de su derrota contra el Real Madrid este 23 de diciembreEl Real Madrid gana en el Camp Nou, 1-0, extiende a siete puntos su ventaja sobre el Barcelona y da la impresión de tener a su disposición el título. Ya pueden borrar a la Liga española de la lista de incertidumbres cautivadoras.

El Inter de Milán gana al AC Milan, 2-1, extiende a 25 puntos (sí, veinticinco) su ventaja sobre el clásico rival (siete puntos sobre AS Roma, ocho sobre Juventus) y nada parece amenazar su marcha hacia otro título. Hace tiempo que el calcio no ofrece sensaciones fuertes, aparte de las policiales.

Francia está recuperando la normalidad, tras un excitante comienzo de temporada, que vio al modestísimo Nancy, del entrenador uruguayo Pablo Correa, convertirse en la gran revelación. Aún ahora, sin ganar en el último mes, está segundo a cuatro puntos del Lyons. El equipo está acusando el esfuerzo, que ha sido titánico, teniendo en cuenta la falta de recursos.

La Premier League es la más interesante, con Arsenal y Manchester United separados por un solo punto, aunque los otros dos grandes se retrasan: el Chelsea está a cinco y el Liverpool a once, si bien con un partido menos.

Llama la atención la falta de forma de Barcelona, Milan y Liverpool.

El Barça tiene el problema de muchos ricos: falta de motivación, indisciplina, tolerancia de excesos, decisiones erróneas en el mercado y en el vestuario.

El detalle más sugestivo de su trayectoria esta temporada es que sólo supera por un punto al Espanyol, su vecino pobre, que con un presupuesto no muy superior a la cuenta de la tintorería de Ronaldino, está haciendo una de sus mejores campañas: el fin de semana, como visitante, le ganó 2-1 al Atlético de Madrid. (¿Por qué será que el Atlético siempre se descompone cuando las cosas pintan bien?)

El Milan, como Maldini, tiene calidad pero debido a la edad no la puede demostrar en forma regular. Por eso se concentra en los torneos breves, donde su experiencia y los chispazos de Kaká pueden marcar la diferencia.

En la última Champions League tuvo una corrida ejemplar, humillando en el camino a un gran equipo, como era el Manchester United, y superando sin problemas en la final a un Liverpool nada más que regular.

El Mundial de Clubes, ya sabemos, es un torneo irracional, una farsa para el esparcimiento de los dirigentes de la FIFA, y el otro finalista de este año fue un Boca privado de Riquelme, el único jugador de verdadera categoría internacional en un plantel armado en la sección saldos y retazos.

Lo cierto es que el club, o Silvio Berlusconi, o ambos, parecen vacilar en su política de refuerzos. Apuestan por los brasileños, es decir por lo mejor, pero lo que dio resultados con Kaká no funcionó con Ronaldo, y ahora esperan la aparición, en unos días, de Alexandre Pato, la última joya carioca.

Los altibajos del Liverpool reflejan las contradicciones de su entrenador. Rafael Benítez es un perfeccionista, con la inflexibilidad de un fanático.

Esto puede ser bueno en su trato con los futbolistas (aunque esto sea discutible, por ejemplo en su casual descarte de un delantero como Crouch), pero resulta fatal si las víctimas de la intransigencia son los dueños del club.

Hace unos años, en la cima de su prestigio, Alex Ferguson osó enfrentarse a unos millonarios irlandeses que tenían el mayor paquete accionario del Manchester United. El resultado fue una humillación para el escocés, quien aprendió la lección: ahora es como una mermelada ante los nuevos propietarios, unos millonarios estadounidenses.

A los millonarios de ese origen, propietarios en su país de numerosos clubes deportivos, les molesta mucho cuando uno de sus empleados les dice públicamente que no saben una jota de deporte y les conviene hacer lo que él dice, porque de lo contrario…

Bueno, ustedes ya lo saben: Benítez dio marcha atrás, se disculpó en privado y deberá aguantarse sin los fondos que hasta hace unas semanas consideraba imprescindibles para fortalecer su plantel.

Con una campaña este año de nueve ganados, seis empatados y dos perdidos, tal vez pueda pedir consejo a los entrenadores del Nancy (9-8-2) y el Espanyol (9-6-2). Tal vez se les ocurra a los propietarios del Liverpool.

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